Santa Maradona

Juernes, 30 de Noviembre, 2006

Una nueva forma de estar solo

El abril de 1987 no nos defraudó, con una inquietante seguidilla de aguaceros que empalmaban uno a uno en una carrera de relevos hacia ninguna parte que nos hizo crecer escamas a los más jovenes y a los otros los envolvió en un catarro eterno y una catatonia melancólica que no se había visto desde los tiempos de las novelas de García Marquez.

Para el tercer martes de lluvias, nos llegó al salón de clases la noticia de que a nuestra profesora de Biología le habían descubierto cardo negro y hojitas de laurel en los pulmones y lo que se había anticipado como una gripa de trámite se convirtió en un quien sabe hasta cuando. Y como ella muchos otros más ausentes. El director estableció un sistema de rotaciones para cubrir las ausencias de los profesores enfermos pero muy pronto estuvo claro que no daban abasto y que ya no sabían que hacer con nosotros. No se estudiaba en ese tiempo, mucho menos se enseñaba; jugabamos scrabble, a veces bolocorre y veíamos peliculas de Kurosawa o documentales de Jacques Cousteau.

Fue en esos días de canchas anegadas y mañanas de letargo que le escuché a Carl Sagan, en un episodio de Cosmos, contar la historia del viaje infinito a la velocidad de la luz por el espacio interestelar. Y ya no pude recuperar la tranquilidad. Que si uno se monta en la nave y acelera bastante para ver que es lo que hay del otro lado de la vía lactea, vainas pasan, el tiempo se apereza, y aunque puede que a uno le alcance la vida para ir y venir uno en realidad vuelve miles de años después. Y entonces ya lo que era no es. Es que no se puede, madre, ver lo uno sin perderse lo otro. Si te das cuenta de lo grave que es eso, padre, que Dios no existe, que el mundo es más mundo y no tanto como nosotros pensamos y se extiende de aquí hasta el infinito y luego sigue un poco más.

Que infantil suena, un descubrimiento trivial, inútil. Que en esos tiempos había cosas sino más importantes que resolver por lo menos más urgentes, más inmediatas. Y cada vez importa menos, supongo.

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