Santa Maradona

Sirena Varada may 10, 2012

Lucy se da un baño sin mojarse el pelo, se sienta al lado de la matrona, se toma el potaje y se queda dormida. Dormida en la cama en la habitación, cubierta por una sabana, parece parte del paisaje de la decoración. Frente a ella la matrona y el cliente discuten los pormenores. Solo una cosa le pido, dice la matrona, que no haya penetración. En esas palabras. Uno de los clientes encuentra absurda la proposición si no por lo moral, por lo biologicamente imposible. Los clientes tienen acceso a Lucy dormida y sin testigos le dan via libre a lo que hay por dentro, lo misógino, lo nostálgico, lo absurdo.

Esa es la película.

A Lucy dormida llegamos por un camino confuso, lleno de ideas sueltas, que empezó con ella declarándose a la vanguardia de nuestro tiempo, anunciando que su “vagina no es un templo” y que está dispuesta a compartir y compartirse, cosa que de paso la hace un elemento de ficción: estas mujeres no existen. Si en lo que vamos es que el hombre es esclavo de la conquista, la conclusión innegable es que la mujer, ésta y todas, le apetece ser conquistada. Es mandato del objeto del deseo hacerse desear con fuerza y dificultad, y no todo lo contrario.

Pero ese no es el lío. El lío es que el final es confuso. Ambiguo con esa ambigüedad de las películas de cine arte, demasiado convencidas de su intelectualidad. Pensé que deberían existir oficinas dedicadas a esto, un call center especializado, patrocinado en comunión por la empresa cinematográfica y el comité productor, al que 24 horas al día, 365 días al año, gente que tiene todas las respuestas responde el telefono para explicarte los finales ambiguos de las películas ambiguas. Ella gritó por esto. El héroe se suicidó por aquello otro. Que ocurre que todo ha sido un sueño.

En internet me encontré con la misma duda. ¿Qué quiere decir ese final? ¿Por qué no otro? ¿Por qué esos gritos? ¿Por qué esa reacción? ¿Por qué ella hace esa propuesta? Qué diablos pasó aquí.

En un intento de explicación, un crítico advierte que estos vacíos son necesarios. Es la forma en que el creador le hace sentir al espectador cosas fuertes, lo hace pensar, lo reta a involucrarse en la vaina. Que es como estos témpanos de hielo de los que hablaba Hemingway. Que uno puede omitir lo que quiera, y lo omitido no hará sino fortalecer la historia. Que se vea la punta que lo que no se ve es más fuerte. Asumiendo, eso sí, que el que está decidiendo lo omitido sepa de cierto las cosas que se pueden omitir.

Es así de aburrido como suena.

Se vale en las películas buñuelescas. Se vale en las novelas de gente en Paris. Debe valerse en la vida. Uno omitirse a sí mismo pedazos enteros de lo vivido. Si pasas acá setenta, ochenta años, descontemos lo innecesario, lo mundano, con suerte rescatemos lo sublime y, con más suerte aún, quedará algo que contar, no tanto una historia confusa llena de ideas sueltas con un final arbitrario y excéntrico y que nadie entiende del todo.

El ciclo de la indignación (Una abstracción) may 09, 2012

1. Un man (casi siempre un man) dice una torpeza y se asegura de que quede testimonio en video o audio. Ojalá los dos.

2. El pueblo reacciona con indignación. Que no cesa.

3. Políticos de todos los calibres se apresuran a distanciarse de la ofensa. También argumentan indignación.

4. El man de la ofensa sale a disculparse. Como es una medida de control de daños y no guiada por el remordimiento, la embarra más.

5. Algún iluminado advierte que la ironía de la torpeza es que aún si describe la realidad, lo malo ha sido haberla dicho en voz alta.

6. Esperar pacientemente a que alguien más la embarre, y seguir como si nada.

Penitencia abr 03, 2012

La cámara anecoica de los laboratorios Orfield de Minneapolis es el lugar más silencioso del planeta.

La ausencia total de sonido te hace muy consciente de lo que está pasando dentro de tu cuerpo. El corazón que palpita. Los pulmones que se inflan y desinflan. Los oídos que zumban. La sangre que fluye. En una cámara anecoica, uno es un organismo ruidoso. Sin la reverberación en la sala, no quedan otras señales de orientación espacial. Después de una media hora en la oscuridad, uno se desorienta. Con el tiempo, uno podría experimentar alucinaciones visuales y auditivas.

Entonces mi hermana decidió no hablar más. Yo había leído de estas cosas en cuentos y novelas. Gente que de pronto decide no hablar más. Mi mamá en desconcierto hizo lo posible por entender las razones primero, y por hacer que volviera a hablar después. Tal vez es un desequilibrio hormonal. Tal vez un trauma mayor, un novio prematuro, un lío de amigas. Las niñas tienen un talento especial para ser crueles. Vencida, mi mamá consultó a mi padre. Mi padre intervino. Mi padre falló también. Era un silencio facultativo. Se rompía para interacciones triviales del diario. Mi padre recordó un episodio con mi hermano, quien se tardó mucho para hablar. Preocupados en ese tiempo consultaron al pediatra, que calmó a todos con una estrategia sencilla: enseñenle a decir a malas palabras. Y santo remedio. Luego tuvimos que volver. Esta vez a preguntar cómo hacer para ajustar un poco las maneras, especificamente como modificar eso que salude con “Buenos Dias Malparido”, o que agradezca con un ortodoxo “Gracias, hijueputa.” Sin encontrar una conclusión satisfactoria, mi padre intuyó que estos silencios siempre están relacionados con una forma de ira, una muy profunda e intratable, o mejor, tratable solo con el tiempo y la paciencia de dejar que se resuelva sola. Un día cualquiera, mi hermana empezó a hablar de nuevo. “Que pendejada” fue lo primero que le oímos decir.

Le preguntamos hasta cuándo. Nos dijo que la promesa había sido hasta que el niño cumpliera los dieciocho años. Es imposible romper esa promesa. Eso quiere decir que no le cortará el pelo hasta esa edad, dijo alguien, en parte preguntando, en parte teorizando. La promesa no tiene que ver con el niño. El padre borracho se acuesta a dormir, despierta de pronto entre gritos, por instinto busca el machete, lo encuentra, se lanza a correr detrás de nadie en particular, sin ver en el suelo lo que lo hace tropezar. De frente al suelo caerá, el cuerpo sobre el machete, la cabeza primero sobre el suelo de cemento. Tres días después del coma, la esposa con desilusión en aumento opta por los cielos. En actitud no convencional, reta a su dios, interpreta La Escritura como una especie de contrato y exige que cumpla su parte. Como evidencia de buena voluntad, ofrece no cortarle el pelo al niño que en su momento tiene cuatro años por los siguientes catorce. Esto por que el padre vuelva a la vida. No me queda claro cómo se beneficiaría su dios con ese pelo tan largo sin cortar. Pero el padre vuelve a la vida. Y el pelo se deja sin cortar. En medio del silencio que sigue, veo a la niña, la uña del dedo pulgar más larga que las otras. No quiero preguntar, pero pregunto. Es imposible romper esa promesa, me explica.

Madurez abr 01, 2012

Mientras tanto en Troy, la ciudad de Rensselaer, donde hice el doctorado y me jodí la vida. Los fines de semana eran ahí todos largos y aburridos y todo un desafío. Una vez se calmó la novedad de todo y me formé una rutina dos cosas se quedaron. Mercar e ir a leer. Interrumpía para ir a pasear, a conocer Manhattan, Brooklyn, los Adirondacks. Mis profesores no querían que trabajara en el fin de semana. Uno de ellos tuvo una epifanía años atrás cuando uno de sus estudiantes se suicidó y desde entonces él era todo intenso con esto de que uno no debía hacer del trabajo la vida.

No es que a mi me hubiera tenido que repetir mucho ese cuento. Entonces uno de los días del fin de semana era para mercar y hacer cosas de la casa, lavar y eso. Mercaba en un supermercado llamado Hannaford. Era donde mercaba la crema de la nata. Mi presupuesto eran 25 dolares por semana. Era un poquito alto pero nunca he creído en esto de ahorrar con la comida, de ser posible no lo hago. Prefiero sacrificar otras cosas. Tampoco es que comprara cosas raras, lo normal, lo más caro era la carne que en Estados Unidos siempre ha estado del lado caro. También cosas nuestras como el platano o la yuca que son una rareza, necesarias para mi, y súper caras. Un dólar por un platano o algo así. Carísimo. El caso es que yo veía estos platanos, traídos de Colombia o de Ecuador con los loguitos de nuestras bananeras y me preguntaba por qué no saben igual. Acá es imposible conseguir los maduros que uno consigue en colombia. Entonces me explicaban que ocurre que los cortan muy verdes en Colombia y dejan que se vayan madurando en el barco. Los cortan más verdes que verdes y cuando llegan acá siguen siendo verdes pero no saben lo mismo. Entonces yo pensaba que yo debo ser como estos platanos. Salí de la casa más verde que verde y ahora no sé a lo mismo. Aunque madure.

Sabelotodo mar 13, 2012

En la casa había un juego llamado sabelotodo. Lo promocionaban como un juego para poner a prueba tus conocimientos en cultura general. Pero no: era un juego de memoria. Yo tomé esas cartulinas, leí las preguntas y memoricé las respuestas y fui invencible en el juego.

Habíamos llegado a Medellín y mi profesora de español me preguntó si estaba listo. Yo le dije lo único que uno dice en estos casos. Que había nacido listo y tal. Ella movió no sé que cielos y tierras y me consiguió una cita con un periodista del diario El Mundo de Medellín. A ver que sale, me dijo. Yo le había dicho a ella y a toda la gente que me conocía en realidad que quería ser periodista pero que en realidad no sabía que era eso que quería ser. En realidad esta vocación un tanto prematura venía de parte de Hemingway y García Márquez, ambos periodistas a su modo, uno de guerra, el otro abandonado en París. Entonces mi profesora me consiguió la cita para que hiciera todas las preguntas posibles sobre esta profesión fantástica que todo lo puede. A la entrevista llegué con una grabadora de esas que usan los reporteros curtidos, a la que le había puesto un casette en blanco y baterías nuevas y que al final de cuentas no supe ni como no grabó nunca nada. En la sede del periodico me atendieron con curiosidad, como esa sorpresa y fascinación con la que los adultos le hablan a los niños que pretenden hablar como adultos. Por dos horas estuvimos hablando de cosas varias, yo confiado que todo iba para siempre a este medio magnético tan mágico y eficiente. Cuando llegué al hotel quise oir la conversación y me encontré con una pared de ruido blanco. Me inventé todas las excusas posibles para mi estupidez, pero nunca me permití admitir la verdad. De vuelta en la casa, tomé el casette y lo metí debajo del armario enorme donde mi mamá guardaba los platos de las visitas. Y le dije a todos que lo había perdido. Y cuando mi profesora me preguntó si quería contar el cuento yo le dije que mejor no, que la cosa había sido muy personal e intransferible. Y finalmente, me juré no confiar nunca más en estos artificios convenientes que reemplazan la memoria y que lo hacen bien hasta que fallan.

Mi papá recibió un millón de pesos de herencia en el tiempo en que un millón de pesos todavía era plata y con eso compró un lotecito a tres cuadras de la plaza principal y luego llamó a su mejor amigo para que le ayudara a hacer ahí una casa. Entre ellos dos y unos siete meses la armaron. Mi papá la diseñó. Tal cual como le vino a una noche en un sueño, la casa que había de hacer para su hija no nacida. Todo muy macondiano, todo muy inclusive. Es una casa bonita, toda abstracta ella, con una terraza en la que se sentaba mi mamá a tomar el poquito fresco que había en ese pueblo infernal. Una terraza con un borde todo curvilineo en donde mis amigos y yo empujabamos tapitas de gaseosa jugando a una vuelta a colombia frenética. Una terraza que tenía además un huequito para el desague que además era el hoyo perfecto para jugar a la bolita de cristal. La casa fue lo que mejor hizo mi papá. La hizo con sus manos, desde un matorral lleno de culebras hasta este espacio encantado que servía para vivir y para jugar. Le puso un piso de granito que todavía sobrevive intacto. Le puso un cielo raso que separaba el calor del eternit de la gente de adentro. En el patio sembró árboles de guama, mamoncillo, limón, naranja, un mango traicionero que por poco se trae la casa abajo y, siempre el romántico, una mata bonches rojos. Y armó un quiosco de palma para tener en donde colgar una hamaca y que sirvió para todas esas primeras fiestas de cumpleaños de los hijos y después de residencia permanente de todas las abejas africanas del barrio. El viejo tenía veintisiete años cuando la hizo. Menos de los que tengo ahora. Esta edad existencial en la que gravito ultimamente, preguntándome exactamente para que ha servido todo este conocimiento de libros y tonterías y ecuaciones raras y bobadas aprendidas que no alcanzan para moverle el corazón a nadie, ni para jugar bolita de cristal por las tardes.

Y lo que le quiero decir es, tanto saber uno para terminar no sabiendo nada, y así.

Un blog posmoderno mar 08, 2012

Una pausa en la crisis emocional de los últimos meses para tratar un tema importante. Los temas importantes siempre fueron la razón de ser de este su blog más espectacular. Entonces, pongamonos nuestros gorritos de pensar y preguntemos al aire, como si fuera 1999, ¿Es Santa Maradona un blog literario?

Entre bostezo y bostezo vamos a llegar a una respuesta satisfactoria a esa pregunta.

En una reunión de intelectuales debatían el asunto el otro día. La pregunta era diferente, sin embargo, la pregunta era algo como si se puede hacer literatura en un blog. Y ya sé lo que está pensando, tantos años y todavía confundimos el medio con el formato. Y sigo sabiendo lo que está pensando, que la pregunta planteada así es un poco torpe, como decir si uno puede ser presidente de la republica. Ya que estamos hablando de intenciones que en principio no violan las reglas de la física entonces en principio se puede. Por supuesto que es posible. Pero, diga usted, no le daría un poco de dolor admitirle a uno de sus hijos que no que uno no tiene siempre lo que quiere aunque las leyes de la física lo permitan.

Primero vamos a tener que resolver la duda de lo que es literatura. Es decir, al encontrarselo de frente que le permite a su experiencia subjetiva decidir si ésta colección arbitraria de textos merece ser llamada arte y no, digamos, algo que pudo ser. Y aquí vamos a perder la cabeza.

Hablemos de criterios: que se puedan leer, que usen un lenguaje cuidadoso alineandose con la aceptación gramatical de nuestra gente, que tenga alguna cualidad estética (digamos que le parezca bonito a alguien diferente del autor), que diga algo interesante (y por interesante quiero decir que describa la condición humana o algo parecido.)

Se puede hacer literatura en un blog, pero, hasta ahora: ¿se ha hecho? ¿tenemos ejemplos para mostrar?

Preguntemos a Murakami, testigo de la experiencia posmodernista.

PARIS REVIEW

Antes mencionó que García Márquez y Kafka eran escritores de literatura, en contraste con su propio trabajo; ¿No se considera usted un escritor de literatura?

MURAKAMI

Soy un escritor de literatura contemporanea, algo que es muy diferente. En la época en que Kafka escribía, uno tenía solo música, libros y teatro; ahora tenemos la Internet, cine, videos, y mucho más. Ahora tenemos muchisima más competencia. El problema principal es el tiempo: en el siglo diecinueve, la gente—estoy hablando de la clase acomodada—tenía tanto tiempo libre, que leía libros largos. Iban a la opera y se sentaban por tres o cuatro horas. Ahora todos están muy ocupados, y no hay una clase acomodada en realidad. Es bueno leer Moby-Dick o a Dostoevsky, pero ahora la gente vive muy ocupada para hacer tal cosa. De manera que la ficción ha cambiado drásticamente—tenemos que atrapar a la gente del cuello y atraerlos a la página. Los escritores de literatura contemporanea deben usar métodos de otras áreas—jazz, videojuegos, todo. Yo creo que los videojuegos son lo más cercano a la ficción que existe por estos días.

Y el hombre está hablando de evolución y tal. Pero para qué hablar de eso cuando uno pudo parar tres párrafos más arriba.

Y no, Santa Maradona no es un blog literario. ¿Debo explicar lo de los criterios nuevamente?

Memoria mar 07, 2012

Papa went to other lands
And he found someone who understands
The ticking, and the western man’s need to cry
Older Chests, Damien Rice

Entonces mezclé la pastilla de la felicidad con dextrometorfano y fenilefrina y ahora voy por ahí sin poder abrir los ojos del todo, sintiendome bien, y viendo todos los colores de la humanidad como me dicen acá, viendo la verdad en las cosas, menos en carne viva y haciendo alarde de este recién encontrado chaleco antibalas para los pesares del mundo. A veces temo que la fiebre derrita el chaleco, esta membrana mucosa impermeable a las emociones. Y lo sueños, de dragones y damiselas, ese estado feliz de no saber si lo viste, lo soñaste o es precognición.

Isabel y Hugo leen esta anécdota de los principios del cine. Los hermanos Lumière presentaron esa primera pelicula, un tren llegando a una estación. Y la audiencia expectante cuando vio venir el armatoste no supo que hacer, mejor quitarse por si las moscas. Porque nadie había visto algo así. Eso no se podía. Y sin embargo se pudo. Y no puedo dejar de preguntarme si la gente que no tiene estas ventajas de chalecos antibalas y membranas han visto algo por primera vez, algo que nunca más nadie había visto antes.

Están las pequeñas victorias. Oir el ruido de la conexión de un modem por primera vez; ver a Maradona esquivar rivales como si no estuvieran ahí, él, la pelota y ahora vos; oir a Radiohead y pensar mierda ahora no me va a gustar nada más; ver a tu cielito lindo y luego pasarte la siguiente década buscando desesperadamente ese sentimiento primario y no encontrarlo jamás, apenas un mar de silencio y tal. Pequeñas victorias.

Oliver Sacks cuenta la historia de Clive Wearing. Clive sufrió una enfermedad y ahora no puede recordar nada, ha perdido la capacidad de generar nuevas memorias. Clive lleva un diario y en el diario marca su estado actual. “A las 2:10 PM: a esta hora me despierto… 2:14 PM: a esta hora finalmente despierto… 2:35: a esta hora completamente despierto… 9:40 PM: a esta hora me despierto por primera vez, a pesar de lo que haya afirmado anteriormente.” Dicen los cientificos que las memorias más puras viven en la gente que no puede recordar. Clive no tiene memorias, todo lo ve por primera vez. Y no tiene otra alternativa que la locura. Y a los románticos les gustará saber que de todo ese desconcierto Clive vuelve a la vida en la presencia de la música y de su esposa Deborah. Lo último que muere es el amor y todo eso.

Bucle mar 05, 2012

Le pregunté quien era. Quién eres, qué haces aquí. Soy tú en el futuro, dijo. Me miró desconcertado. Solo unos segundos en el futuro, explicaba, apenas algunas fluctuaciones entre tu y yo. Apenas segundos adelante. Te he estado observando. No llevo aquí mucho tiempo. No te queda mucho tiempo. No nos queda mucho tiempo. Verás un umbral. Cruzarás el umbral. No tendrás alternativa. Y tu cuerpo se convertirá en un enjambre, te verás a ti mismo como una colección de piezas pequeñas, inconexas moviendose al unisono, un mono-tono melancólico. No temas, es importante que no temas. Debes pensar en tu melodía, la que quieres escuchar cuando llegue el momento. Será tu último recuerdo de este mundo, con el tiempo será el único. Descansarás por fin, todo tendrá sentido del otro lado, escucha esto, inverosímil sentido. Yo iré contigo, yo iré primero, esas noches en que pides, exiges, que me olvide de ti no serán esta noche.

Me preguntas quien soy. Estaré donde tu estás. Vas adelante, eres mi guía, la idea que forma lo que yo seré. He querido otros caminos para ti, unos menos racionales, unos menos desahuciados. Rara vez pasa. Nunca pasa. Todas mis conjuras desperdiciadas en desvaríos. Ella no es. Ella tampoco. No tomes ese avión no te vayas sin mi no esperes más por mi espera un poco más por mi no mientas no suspires no seas. Estoy aquí para protegerte. Alguien marcará una línea en el suelo, la llamarán umbral, la cruzarás porque no tendrás alternativa y allá irás pero yo no contigo.

Que tonto esto.

Aeroplano mar 03, 2012

1.

Vas en un avión, un jet transcontinental haciendo una ruta de möbius. A tu lado un hombre que se hace llamar el ejecutor explica lo que va a ocurrir. Esto que tiene en la mano extraerá todo el aire que tienes dentro y lo reemplazará por uno nuevo, uno más puro, de mejor calidad, viene de allá de donde el cielo está a punto de convertirse en espacio estelar. Marte está más cerca por estos días, dices, es hora de mirar hacia arriba, recordar que todos somos polvo de estrellas y todo eso. Y luego lo hará otra vez, el procedimiento de restitución de aire, pero esta vez el residuo que dejará será menor apenas lo necesario para que no pierdas el conocimiento. Esa presión en el pecho que sentirás es normal, no será un dolor apreciable, solo será un dolor. Caminaremos por el pasillo hasta la puerta, firmaremos los papeles, abriremos la puerta y te dejaremos ir.

2.

Te despierta el calor en el rostro. Como el vapor del agua hirviendo. Como el aire ártico de los eneros de Nueva York. Todavía puedes respirar. Te levantas. Caminas en la oscuridad adivinando la posición de las cosas, de las puertas y paredes, de los legos que chuzan los pies. En el baño das por fin con una luz. Ves las lágrimas por primera vez. Las inspeccionas. Te las llevas a la boca.

3.

Abres el techo del auto. Abres las ventanas. Necesitas el aire. Aumentas la velocidad. Le permites a la pastillita de la felicidad que haga lo que tiene que hacer. Sacas los brazos, subes el volumen, esto es lo que viste en las películas, ésta es la redención del héroe, la antesala de la epifanía. Intentas recordar esa risa. Intentas otra vez. Fuiste a parar a Calaveras, la montañita ésta que son dos y que parecen las tetas de una gigante. En lo más alto, te detienes, sales del auto. Empiezas a correr. Con los pulmones encendidos no tienes otra alternativa que parar. Entonces paras. Te das cuenta que no tienes a donde ir. Por fin recuerdas. No puedes no recordar. Una tragedia siendo un error para el que no tuviste otra opción.

Prozac feb 22, 2012

She lives with a broken man,
A cracked polystyreneman
Who just crumbles and burns.
Fake Plastic Trees, Radiohead

Seguimos peleando por lo mismo. Soñando con lo mismo. Esta chica de dos cabezas que a veces escribe que a veces dibuja me hace pensar de pronto lo malo no es todo, si todavía hay gente que puede detener el mundo entonces seguro que mucho de esta duda es imaginada; toma nota y lo almacenas alfabeticamente en el cajón de lo aristotelicamente idealizado y lo corroboramos después. Mucho y no todo. Casi nada. Si tan solo la gente diera el paso, abandonara la duda, nos atacara de frente con sus fusiles.

Empecé a ver los cronocrimenes tres veces. A los diez minutos paraba y volvía a empezar. Como es una pelicula de viajeros en el tiempo hago una pausa para admirar la ironía. La quito, pongo Sports Night para que me arrulle, como hacía en aquel tiempo. Recuerdo lo bien que nos caía Jeremy. Jeremías. Y entonces decido llamarte Louise. Me preguntas Louise lo que se siente. Tengo más hidrocodona de la que necesito, y esta vaina nunca está de más necesitarla. Una píldora fantástica, te destruye el hígado pero te desaparece el dolor. Tengo el prozac que no es prozac, porque cuando esa vaina que uno tiene que te hace hacer lo que tu haces ya no existe entonces hay que prefabricarla farmaceuticamente. Todo está farmaceuticamente bien. ¿Cómo se siente, Louise? Como si tuvieras un burócrata atendiendo los pendientes en la cabeza. Presione uno para la corteza prefrontal, presione dos para la amígdala, nuestros números han cambiado por favor preste atención, la unidad de identificación visual se encuentra cerrada por inventario, el departamento de memorias episódicas está de vacaciones, disculpe la demora en las señales neuronales reflexivas es para servirle mejor, para que el sujeto no decida de improviso lanzarse a la autopista a caminar en pelota. Deje su mensaje y le responderemos a la mayor y más breve conveniencia.

La vaina con la depresión, con los que la ven desde afuera, es que todos buscan la razón primera. Tal vez una muerte en la familia. Tal vez algo menor en la escala trágica, la perdida de una casa, un divorcio, qué se yo. Pero nadie nunca se murió de amor, mucho menos del amor por la propiedad raíz. Entonces no, eso no debe ser. Uno lanza los brazos al aire, este hombre de poliestireno absurdamente descompuesto en pedacitos se tendrá que componer solo. No hay razón que justifique el problema, si no hay problema no hay solución posible. Y del otro lado estás tratando de explicar que esto que es lo otro. Las palabras salen balbuceadas incoherentes. Es que no se oye. Es como cuando estás en la playa o en la piscina y descubres que tienes agua en los oídos y te das golpecitos para que salga, más golpecitos, más golpecitos. Tratas del otro lado a ver si es un problema de inercia. Más golpecitos, más golpecitos. Y el agua no sale y dices tal vez está muy ocupada y no quiere salir, tendrá que resolver algunos asuntos primero. Y mientras esperas no puedes oir o lo que oyes lo haces como si estuvieras espiando a través de la pared al cuarto del vecino, o a través de una fluctuación al universo de al lado. Los puristas te dirán que el agua se sale sola. Eventualmente. Y lo único que queda es la sensación tibia del agua al recorrer. Un día esos puristas van a detener el mundo. Lo harán, pero no hoy.

Coma feb 15, 2012

Somebody could walk into this room
And say your life is on fire
It’s all over the evening news
All about the fire in your life
On the evening news
Crazy Love II según Paul Simon

Giada de doce años viendo un partido de fútbol sufre una hemorragia cerebral y cae en coma. Francesco desesperado y sin saber que hacer le pide ayuda urgente a Alessandro del Piero, delantero centro del Juventus de Turín e ídolo favorito de su hija. El héroe responde con la sonrisa que derritió mil corazones, Giada espero que te levantes. Y Giada se levanta y cuando lo hace pide con urgencia un poquito de helado de frambuesa o de lo que haya. Italia entera y toda junta no puede parar de llorar de la emoción tan grande.

Ya Wen de tres años despierta cinco días después del coma en que la dejó el ser arrollada por un auto. Gao la madre en desconcierto reporta que la niña ahora actúa como un adulto. Un día no mucho después la encuentra escondida fumando los cigarrillos del papá. Tres cervezas para ella son asunto normal por estos días, agrega. La familia se ha mudado con la esperanza de que el cambio geográfico le espante las adquiridas adicciones, y ha funcionado de momento, aún si la niña llora con anhelo cada vez que avista algún paquete de cigarrillos fuera de alcance.

Terry Wallis despierta diecinueve años después. La memoria estancada en 1984, el primer día del coma. La hija que no vió crecer lo saluda. Terry despierta y dice Pepsi y luego dice Leche. Explica a la insistencia que és lo que ha visto y es lo que quiere, Pepsi y luego leche. Cuando su madre le pregunta quién es el presidente, Terry contesta Ronald Reagan. Su padre coleccionista de estadísticas reporta que Terry cayó en coma un viernes 13, y ha vuelto en sí otro viernes 13. Me parece algo peculiar, agrega.

Arco Iris feb 14, 2012

I can hear her heart beat for a thousand miles
Crazy Love según Van Morrison

No hubo reportes del clima hoy. Y a pesar de todo salió el sol. Las nubes andaron de un lado a otro esta vez sin disimular la pereza. Es decir: pasaron cosas. La tormenta tropical Giovanna llegó a Madagascar con vientos amenazantes y lluvia inagotable y fue quedándose sin energía llegando a Mozambique. Manhattan notó las nubes más bajas de lo acostumbrado pero nada como para perder la calma. Los lagos Eerie y Ontario continuaron sin congelarse del todo, desconcertando a propios y extraños pero tras una breve introspección todo el mundo concluyó que se trataba de un desconcierto similar al del día anterior, salvo pequeños matices aquí y allá pero tampoco algo así como para perder la calma. Es decir pasaron cosas pero en el esquema gigante de preocupaciones meteorológicas no hubo nada que reportar.

Sheila Fontaine: “Is it true? That you make the weather? Because of me? The tornado in high school, snow at my wedding?”
Holman Hardt: “I’m so sorry.”
Sheila Fontaine: “Daryl’s rain?”
Holman Hardt: “Can’t explain the logic of it. Yes. Some strange manifestation of guilt.”
Sheila Fontaine: “Even this rain? Because you love me?”
Holman Hardt: “Because… I love you.”
Sheila Fontaine: “That is the most romantic thing I’ve ever heard.” [The rain stops]
Rain King, The X Files, episodio 6×07

Semanas atrás, una entidad oficial en Colombia navegó aguas turbias al tener que justificar la contratación por una suma no despreciable de dinero los servicios de un chamán, con el objetivo único y expreso de suspender las lluvias durante el tiempo del campeonato mundial de fútbol juvenil. Me hubiera gustado ser el abogado que redactó ese contrato. Una vocera de la entidad le hizo frente a las críticas con una defensa empírica que, sin embargo, no pareció convencer a nadie. “La prueba está”, declaró, “en que llovió antes y después del evento pero no durante.” Muy zen la cosa. Funciona porque funcionó y tal. En las redes sociales el pueblo enfurecido salió a gritar falta. Mira que despropósito es gastarse la platica en estas charlatanerías. Los que optaron por la vía sarcástica sugirieron cadenas de oración en lugar de chamanes para la próxima oportunidad, que son más efectivas y de poder menos concetrado y más democrático. Fue todo muy gracioso y muy triste a la vez.

Los hombres no tenemos tal poder, el de hacer llover. Todo el mundo sabe eso. La ciencia lo confirma por todos lados. La misma ciencia, dicho sea de paso, que ha demostrado que una partícula pueda estar en dos partes al mismo tiempo. Algo que todo el mundo sabe es imposible. No puedes estar aquí y mil millas más allá, aún si Schrodinger te lo permite. Así que de momento, no hagamos juicios tan valientes hasta que estas últimas dudas del último siglo se aclaren un poco. Pero de momento, tampoco nos hagamos los tontos, lo sospechoso de toda esta improbabilidad, es que si uno tuviera el poder y la responsabilidad de, digamos, hacer llover, y teniendo a mano muchas opciones y alternativas, ¿elegiría aparecer siempre con un gorrito de colores? Tal vez una gabardina de Hugo Boss, unos jeans de John Varvatos, una bufanda de cachemira. Algo que diga, si vos no podés hacer llover, algún defecto debe tener la lluvia.

Amores como el nuestro feb 12, 2012

Elena dice que no puede ir conmigo a tomar café y a después quien sabe porque justo ese fin de semana se va a la Florida y luego a escalar la montaña. Yo temo una metáfora y le pregunto por detalles. Ella dice que no es el monte Elena. Nunca me gustaron las mujeres literales. Dos semanas en semi-retiro en una comunidad de Jacksonville. Luego un vuelo trasatlántico, luego un tren, luego un bote, luego otro bote y luego la montaña. ¿Tú no tienes novia?. Hay otras maneras, unas de requisitos cardiovasculares menos estrictos, de perder la cabeza. Me dice, tal vez haya un paisaje bonito, que inspire, que ilusione, tal vez incluso exista una epifanía, pero la única razón que uno tiene para subir montañas es para tenerlas que bajar.

Estabamos viendo Sueños de Akira Kurosawa y estabamos, la ironía, todos dormidos. Ileana toma un cuaderno y escribe, despacio, que nunca se había reido como cuando se ríe conmigo. No está segura del todo pero sospecha, piensa, que ésta risa está más cerca de la felicidad. Tendrá ella más oportunidades para descubrirlo, se pregunta. Yo leo la nota, pienso en Kurosawa, vuelvo a leer la nota y decido que la leeré más tarde en un ambiente más reposado. Llego a la casa y por algún misterio del espacio-tiempo decido guardar el papel debajo del colchón en el que duermo. Minutos antes de partir a Medellín en lo que fue un viaje de una sola vía, y un año después del drama, mi hermana descubre el papel. Le cuento a Ileana mientras espera por el novio que acaba de llamar y que ya viene por ella.

Miriam enseña filosofía y por las noches escucha a Madonna. Tiene un equipo de sonido último modelo y un solo CD: True Blue. Si en la forma más básica de todas, estamos hechos de partículas cuánticas, nuestras neuronas tienen la obligación contractual de obedecer las leyes de la física, el límite de mi entendimiento aparece cuando ese mismo cerebro tenga la intención de estudiarse a sí mismo. La trato de impresionar con mi duda filosofal. No sé como será posible. Ella me habla de Descartes y de Schrodinger. Y de De Broglie y de la interpretación de Copenague. Yo tenía en fila una pregunta sobre espacios de Hilbert que estuvo a punto de salir coincidiendo con esa canción que habla del amor hace que el mundo gire y gire, pero ella se anticipó a mis intenciones. “Tal vez si tuviera 15 años menos”, me dijo. Yo reí, nervioso, sin saber que hacer.

Diana, reina de corazones, lee el periodico mural que hice para ella, y sin notarlo. Hay una historia del recién presentado logo de Pepsi y lo parecido que es a las niñas morenas de ojos negros grandes. Hay una historia sobre el grupo Roxette que concluye con la letra de su éxito “Listen to your heart” en el inglés original y acompañado de una traducción libre, al llegar a la frase “The scent of magic” se encuentra uno con que está subrayada y en negrilla, y más abajo en el papel garabateado en lápiz con pulso subversivo para evitar la condena de los editores, la aclaración de que ese olor es el olor de fresa de tu champú de todos los días. Diana que leyó su periodico mural sin leerlo quiere desatrasarse de estas última decada y media a través de la maravilla de la red social. Cómo te va la vida, la mía va bien, gracias. Adjunta una foto, sonríe como siempre, sostiene una niña que por fortuna se parece más a ella que al papá, en un jardín de Londres donde vive con su esposo inglés.

Beatriz del barrio Novalito escribe en mi cuaderno de apuntes que no ve con malos ojos que yo sea su tom cruise. Yo me río sin entender el chiste. Estamos en Medellín pero ambos nos tenemos que ir, tal vez regresemos, tal vez no. Me escribe su dirección, me escribe su teléfono. Yo le escribo cartas, ella me responde algunas. Seis meses de la larga distancia me animan a saltar sin red. En una cajita empaco un libro de Jairo Anibal Niño y un cassette con canciones de Franco de Vita y Miguel Mateos. La carta que los acompaña termina en plan ambiguo. Sabes quien te quiere. Ella me pregunta después, mientras comemos alfajor en la cafetería de la upb si se me olvidó el signo de interrogación, y se ríe, convencida de que no voy a responder.

Antares feb 05, 2012

Entonces este tipo, un desconocido, tocó a la puerta. Mi hermana y yo lo habíamos visto dudar momentos antes, con esa desesperación callada del que lleva una mala noticia. Mi mamá escuchó atenta. Su sobrino ha muerto, dijo el hombre. Ha sido suicidio, por ahora no sabemos más. Mi tía entró a la casa, no se hablaba con mi mamá desde hacía tiempo ya, pero no hay nada como un desastre en desarrollo para poner las asperezas en perspectiva. Querían saber detalles. El hombre dijo no tenerlos. Ellas insistieron. El hombre tenía solo algunos. Ha sido con un arma. ¿Cómo la consiguió?. No sé, eso no está claro, solo sé que llegó, puso el equipo de sonido a todo volumen y luego hizo lo que hizo. ¿Quién lo encontró?. Un vecino ha escuchado un golpe seco y ha entrado en sospecha. Querían saber más detalles, cómo ha sido todo, cómo es que en las tantas posibilidades de alinear una vida nos encontramos con este orden tan trágico, tan brutal. Mi hermana y yo aprendimos el otro significado de la ruleta rusa.

Elkin era de amor fácil, se le habían conocido tantas novias como días al calendario. Rumbero, lenguaraz, simpático. Un hombre amable y feliz, el hermano mayor de una familia en la que hubo dos hijas y otro hijo más. Todos de la misma madre. Elkin era de un padre distinto, uno que no estaba, uno que según dicen dejó una huella tan amarga que mandó a la madre a una depresión crónica de la que no la salvó el alcohol y que complicó el cáncer. Pero cuando Elkin conoció a Genoveva dijo a todos que acababa de nacer un hombre distinto. Uno aplomado y responsable, uno de familia. Nadie le creyó. Se casaron, tuvieron un hijo primero y una hija después. Ya nadie se acordaba del Elkin original.

Genoveva tratando de explicar la situación se refirió a todo aquello como “la locura”. Eso que ella tenía por dentro que no sabía que tenía hasta que Elkin encontró el catálisis inadvertido. Hay cosas que pasan, no es culpa de nadie, no fue ausencia de amor, no fue falta de amor. Elkin llegó borracho a la casa. Había dicho que venía más temprano pero alguien en el trabajo quería celebrar que tenía plata gastándosela toda. Tomen y beban que yo pago. Elkin tomó y bebió. Genoveva consideró la alternativa por un instante. Iba a tener que limpiar vómito ajeno, iba a tener un esposo inservible al día siguiente y eso estaba bien, ella lo aceptaba, era parte del paquete en esta colombina de mierda que es el matrimonio, pero que tal de los días venideros, ¿habrá que destruirlo todo para que todo vuelva a ser mejor?. La discusión se salió de control. El uno dijo una cosa, la otra dijo otra cosa más. En el punto más alto de la ira, Genoveva tomó el cuchillo que doña Alicia había afilado esa mañana para arreglar una gallina, y lo empujó hacia Elkin, tres veces, sin dañar ningún organo vital pero eliminando para siempre la posibilidad de una vida feliz entre los dos. Elkin se fue. Genoveva se quedó.

Hay que avisarle a Elkin, anunció mi mamá. No todos estaban seguros. Se consideraron razones, se examinaron cronologías, se evaluaron conjeturas. Alguien encontró la clarividencia en la tragedia. Hay que avisarle y que el destino decida. Una comitiva salió a la oficina de Telecom. Tu hijo se suicidó, le dijo mi papá, de las nueve noches, te quedan ocho. Son muchos ríos que cruzar, dijo Elkin. Son menos de los que tú crees, respondió mi papá.

No sé que decirte, Mónica, algo lo delató. Tal vez fue un párpado parpadeando a una velocidad menor, tal vez fue el corazón esquivando un latido. Ese día, viéndolo de pie frente a su hijo, el agua del hielo derretido que habíamos usado para conservar el cadaver mojándole los zapatos, todos perdimos algo. Hay un momento en que eso que uno tiene adentro, la mano que mece la cuna, el alma, el éter, la guevonada, te deja atrás, y quedas entonces en el limbo de no poder no estar vivo y no poder seguir viviendo. Los hijos tenemos la ventaja en la mano, supongo, vamos viviendo y cargando el bulto de lo que dejaron los otros y vamos en el camino encontrando otros padres, otros mejores, otros que no siempre son de carne y hueso pero otros al fin y al cabo. Al revés ya no tanto, los hijos somos la última trampa de la vida, son tu chance a la inmortalidad y tal, pueden crear bandas de rock y escribir canciones que treinta años más tarde todavía le enseñen a la gente el secreto de estar vivo, o pueden llegar a ser presidentes, o centrodelanteros, o escritores, o pueden un día decir que no quieren ninguna parte de este mundo y entonces no te quedan sino ríos que cruzar.

Ronin ene 23, 2012

No todos los días conoces a tus héroes. En el 2008 Murakami vino a Berkeley a presentar su libro “What I talk about when I talk about running”. Yo lo supe a última hora y por poco no consigo tiquetes para la charla y entrevista que le iban a hacer. El auditorio de la Universidad estaba lleno a reventar. Murakami casi nunca hace presentaciones en público, nadie se lo quería perder.

Había llegado muy temprano y me puse a andar por las calles cercanas a la universidad. Siempre he pensado que esa parte de Berkeley me recuerda a Medellín. No sé por qué. Será el desorden total. O el fuerte olor a incienso que a duras penas enmascara el de la marihuana. Me sentí andando en La Playa, deseando encontrar en cualquier momento algún emprendedor vendiendo arepas de queso y avena a quinientos.

No todos los días conoces a tus héroes. Entré a una tienda de discos usados. A curiosear y a perder el tiempo. En la sección de Jazz había un hombre muy parecido a Murakami, acompañado por una mujer. El hombre muy tímido. Ella mantenía una distancia prudente, ni muy cerquita como para que se pudiera confundir con entrometimiento, ni muy lejos como para que se pudiera confundir con indiferencia.

El día después de la charla/entrevista, Murakami estuvo en una librería de San Francisco autografiando sus libros. Esto nunca pasa, pensé. Me fui a la librería. Me dijeron que Murakami firmaría máximo tres libros por persona. Uno de los libros tenía que ser el libro nuevo. Compré el libro. Hice la fila. No se permiten fotografías. O videos. Un empleado un ayudante pasa asegurándose de que los libros estén abiertos en la página que es, la del título. No hay tiempo que perder. También nos recuerda que no se permiten fotografías. El Autor (dice así, “el autor”) no gusta de ellas. Una voz comenta que es verdad, el autor ha salido de eventos así porque la gente ha insistido en tomarle fotos. ¿Pero por qué? Quiere saber alguien. Nadie ofrece respuesta.

Hay gente que le cae bien a todo el mundo. Hay gente que le cae mal a todo el mundo. Yo suelo caer en el segundo grupo. Hubo un tiempo en que consideraba esencial descifrar las razones de tan soberana injusticia. Acorralado por la ausencia de alternativa, uno deja de considerar las razones.

El escritor David Foster Wallace explicaba la timidez de la gente. Por ejemplo en un perfil que de él hicieron en Rolling Stone.

He was astonishingly good, quick company, making you feel both wide awake and as if your shoes had been tied together. He’d say things like, “There’s good self-consciousness, and then there’s toxic, paralyzing, raped-by-psychic-Bedouins self-consciousness.” He talked about a kind of shyness that turned social life impossibly complicated. “I think being shy basically means being self-absorbed to the point that it makes it difficult to be around other people. For instance, if I’m hanging out with you, I can’t even tell whether I like you or not because I’m too worried about whether you like me”
Decía cosas como: “Hay una buena auto-conciencia, y también hay la tóxica, paralizante, violada-por-psíquico-beduinos conciencia de sí mismo.” Habló de una especie de timidez que hace la vida social en exceso complicada. “Creo que la timidez, básicamente, significa estar absorto en sí mismo hasta el punto que hace que sea difícil estar con otras personas. Por ejemplo, si estoy saliendo contigo, no puedo decir si me gustas o no, porque estoy muy preocupado sobre si a ti te gusto o no”

O algo así.

La primera persona que pasó del mundo virtual en el que vivo al mundo real en el que vivo fue Margarita Nomeacuerdoelapellido. Trabajaba en la compañía de discos que sacaba los discos de Darío Gómez. La conocí en irc y conectamos enseguida. Una cosa llevó a la otra hasta que la última cosa en esa fila de cosas fue ella preguntándome si quería tomar un café. ¿Contigo? Le pregunté aturdido. Conmigo, me respondió divertida. La espectacularidad es de principios humildes. Fuimos a ver One Fine Day. Le dije que ella podía ser mi Michelle Pfeiffer si así lo creía conveniente. Ella no creía que yo pudiera ser su George Clooney. Vimos la película, comimos algo y, la ironía, nunca llegamos a tomarnos el café. Nunca más la volví a ver.

El punto es Podría haber hablado del clima o de beisbol o de Radiohead o de correr o de la timidez que no deja se atraviesa no guarda la distancia perfecta entre uno y la otra persona pero no dije nada porque todo el tiempo estuve pensando en las cosas que decir para que este momento este breve instante imposible entre un samurái aprendiz sin maestro y otro samurái sea memorable tan memorable como la idealización de los momentos memorables que uno idealiza.

Así es que como uno va perdiendo sus héroes.

Posdata. Ahora respondo preguntas por doquier: en formspring

La Prosa Bogotana ene 14, 2012

Le digo así pero no sé si esto tenga alguna dependencia geográfica, es más bien un decir.

La Prosa Bogotana es tal vez la más colombiana de nuestras prosas. La evolución lógica del costumbrismo y el realismo mágico. Un costumbrismo 2.0 sin los aspavientos mágicos de García Marquez, más reposada, menos local— los protagonistas siguen siendo colombianos pero ahora están regados por todo el mundo. El narrador es casi siempre un viejito bonachón, que hace una crónica novelada de un drama que ocurrió hace muchos años. Es un abuelo contándote una historia. ¿A quién no le gustan las historias de los abuelos? La prosa coquetea todo el tiempo con la poesía, y por momentos se descarrila del todo en plan lírico, aunque suele corregir rápidamente, a veces bruscamente, como un conductor que se está quedando dormido frente al volante y es despertado por la bocina de un auto en dirección contraria.

Leí La luz difícil, la novela más reciente del escritor Tomás González. Lo hice en una sola sentada, algo que es raro en mí, y lo hice todavía en Colombia, de vacaciones, algo que no acostumbro hacer, mi preferencia es por leer estas novelas que compro acá una vez esté de regreso a casa en gringolandia y sentir que mi estadía colombiana se alarga más y más. Pero el libro se veía cortico y más o menos inofensivo y había caído en cuenta que este Tomás González no es el mismo de La vendedora de coronas y entonces me sentía mal con ambos tomases que decidí leer esto otro para saldar mi afrenta imaginaria inventada.

En el avión leí Buda Blues de Mario Mendoza. Digo leí pero lo cierto es que no pude terminarla. Qué curioso esto. Hace unos años cuando era estudiante todavía, llegó a la universidad un académico colombiano de nombre improbable, Renato Pollagrande o algo así. Venía a hablar de la literatura colombiana después de García Marquez. Yo que pensaba que eso no era posible, asistí expectante. El auditorio, o bueno el salón de clases habilitado como auditorio estaba lleno, una mezcla de profesores aburridos y hipsters desubicados. La conferencia resultó un desastre. El conferencista no hablaba inglés pero creía hablarlo perfectamente, una combinación brutal. Los asistentes se fueron marchando uno a uno sin esperar el final. Yo apelé a mi solidaridad patriótica y esperé. Y tal vez animado por la ausencia de gente me animé a preguntar por exponentes de esta nueva camada de literatos. Me hablaron de Jorge Franco pero me advirtieron que me iba a desilusionar, me hablaron de Ricardo Silva, de Efraim Medina y me recomendaron especialmente a Mario Mendoza, particularmente a Satanás, su novela ganadora de un premio importante que ya no me acuerdo cual fue.

Acá una partecita de La Luz Difícil:

Busqué con la cara el cabello de Sara y aspiré su olor a limpio y cálida frescura, si se puede decir así, como buscando que me ayudara a paliar las llamaradas.

Note el si se puede decir así. Alguien que habla de paliar llamaradas ciertamente puede otorgarse la licencia de hablar de cálidas frescuras sin temor a ofender gramáticas de ninguna clase, que al fin y al cabo ya pasamos el umbral de como habla la gente en el diario. Y sin embargo el viejito bonachón quiere hacerte creer que no, que es un tipo normal, no un poeta, un hombre como tú y como yo. ¿Por qué diablos?

Eso me saca de quicio.

Me gustaba ese desespero de Mendoza. Me tragaba ese espejismo social tejido por los narradores. Que la gente buena es la gente humilde, que el dinero envilece, que los verdaderos intelectuales de Colombia son los que estudiaron en la Universidad Nacional y que no tenían manera de pagar por ella, y los médicos, los abogados, los que estudiaron en, qué se yo, Los Andes o La Javeriana, eran la putrefacción de toda la escoria de todo lo peor que tenemos que ofrecer.

Esas vainas ya no suenan como antes.

Serán los años.

Cyborgs ene 07, 2012

Alejandro Gaviria escribe sobre la creciente popularidad de las cirugías plásticas con fines vanidosos en nuestra población femenil:

Si los compañeros de oficina trabajan horas extras para impresionar al jefe, uno se ve forzado a hacer lo mismo. Si nuestros colegas acumulan títulos superfluos, un cartón adicional se vuelve casi un imperativo. Si unos cuantos hinchas deciden, por cualquier razón, pararse para ver el partido, todo el público termina de pie. De la misma manera, si las cirugías estéticas se generalizan, se convierten en una necesidad apremiante. La demanda de unos impulsa la demanda de otros.

Yo estaba tratando de escribir sobre el mismo tema y me estaba encontrando una muralla pantaleónica. Escribí en tuiter para calmar los nervios.


El toque posmodernista era porque había empezado mi historia haciendo una referencia a Ray Kurzweil, hombre genio y querido mucho en esta casa, autor de, entre otros, “The Age of Spiritual Machines”, algo así como “La Edad de las Máquinas Espirituales”. Kurzweil ha vivido preocupado con el día en que las máquinas dejen de necesitarnos a nosotros, sus creadores, y nos conviertan en servidores o nos aniquilen o nos castiguen con algún otro final nada feliz. Yo me preguntaba si hay otros escenarios en donde eso es posible. Si, digamos, la belleza de la carne reemplazada por la belleza de la silicona, es uno de esos escenarios.

¿Pero qué diablos tiene eso que ver con tetas y culos y la ajena lujuriosa realidad que uno vive en el diario vivir de mi querida Medellín, el valle de la Silicona, capital mundial de la grilla, sede oficial de querer ser todos bonitos?

Como le digo, cuando los hombres de mediana edad escribimos sobre tetas y culos nos salen unos esperpentos abstractos, explicaciones académicas como las que propone Gaviria (le faltó hablar de influyentes y de redes y tal y del tamaño mínimo del núcleo impulsor necesario para que la demanda de la que habla pueda alcanzar el estado estable), fríos además y algo ingenuos si se quiere. Nuestro talento consiste en disimular nuestra ignorancia con augusto empeño, que es lo mismo que hacemos en cualquier otro tema que involucre una mujer. En eso vamos.

No sé cual es la causa de la creciente popularidad de la cirugía plástica en nuestra población femenil. Si es un problema de autoestima, de vanidad o de estricta supervivencia evolutiva. O cuan arraigado está el asunto en la población masculina. Si, digamos, podemos ya declarar que el porno de todos los días nos ha convencido a todos que no, que esta pinga mía de 1 pie, que parece una linterna de cinco pilas, es lo que quiere tener todo el mundo aun cuando es poco poquito o nada y que voy a tener que auxiliarla dimensionalmente con algún injerto prefabricado porque ya no hay consuelo siquiera en que lo importante es la performance y la compatibilidad de dos almas que se aman y tal.

Está el viagra pero todavía no vamos tan allá. Lo que está claro es que algo pasa, porque las tetas y los culos siguen creciendo. Sin control.

La industria editorial dic 21, 2011

La escritora Lucía Etxebarría dice que deja de publicar libros tras haber “comprobado que se han descargado más copias ilegales de [su] novela que copias han sido compradas.” Ella no ofrece mayores razones que esas y el asunto tiene un tinte melodramático desde el principio. ¿Cómo ha hecho para medir el número de copias piratas? La gente, a su vez, reacciona a la noticia en tono irónico. ¿Existe otro en esta edad del copyleft?

Hernán Casciari, patrón del imperio Orsai, se une al tema con una respuesta bastante lúcida.

A nosotros nos ocurre lo mismo (…) Vendimos siete mil [ejemplares de la revista Orsai], se descargaron seiscientas mil.

Existe, cada vez más, un mundo flamante en el que el número de descargas virtuales y el número de ventas físicas se suma; sus autores dicen: «qué bueno, cuánta gente me lee». Pero todavía pervive un mundo viejo en el que ambas cifras se restan; sus autores dicen: «qué espanto, cuánta gente no me compra».
El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.

El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.

Yo estoy con Casciari en esto. Hay un mundo nuevo y un mundo viejo en el que hacer las cosas. De elegir, mejor elegir el mundo nuevo. Pero su argumento no me convence del todo. No me convence del todo desde el punto de vista financiero, el puramente capitalista.

Etxebarría cree que quienes de alguna manera piratearon sus libros lo hubieran comprado si no hubieran tenido manera de piratearlo. Eso es, creo yo, fundamentalmente falso.

Casciari cree que no importa, que la copia ilegal es positiva o a lo sumo irrelevante, porque la copia ilegal atrae también a posibles compradores y el efecto neto es positivo siempre, y lo es lo suficiente como para ofrecer el libro gratis. Eso puede ser o no ser cierto, pero asume, y esto es lo fundamental, que para que sea cierto Etxebarría y cualquier otro autor en sus condiciones debe hacer lo que hizo Casciari, despedir a su editorial y hacerlo todo ella, la edición, el mercadeo, más mercadeo, el diseño de los libros, la negociación con las librerías (o la administración de la tienda por internet), es decir toda la vaina que las editoriales hacen además de escribir el libro. A cambio está, por supuesto, la ventaja de una mayor parte en la distribución de regalías. Es decir, si el asunto es de plata, siendo independiente necesitas vender menos libros que necesitarías vender en una editorial para ganar la misma cantidad.

Se cae de maduro que lo que aconseja Casciari no le funcionará a todo el mundo. Y el consejo es un poco como si George Clooney te dijera que cualquiera puede ser estrella en Hollywood y que lo importante es empezar mudándose a Los Angeles: buen plan, pero fácil para él decirlo. No hay que olvidar que a Casciari le ha tomado un tiempo llegar hasta aquí, el éxito de la revista Orsai, formidable y todo, empezó con un blog hace ya más o menos diez años. Un blog tremendamente popular, de una popularidad que se antoja menos asequible en estos tiempos de mayor oferta, que lo ayudó luego a publicar con editoriales tradicionales y a consagrarse como autor. En ese tiempo, Casciari formó una audiencia increíblemente leal, fiel, que impulsó notablemente la idea de la revista. Estos no son simples visitantes a una página, son una comunidad que considera propia la revista. Esto es un bien muy valioso y muy difícil de alcanzar. Hay que verlo en las pequeñas cosas, cuántos de ellos posan para la foto con un ejemplar de la revista o acuerdan en los foros para comprar el paquete de revistas que llegue a un lugar en donde no hay distribuidor o, digamos, se apresuran a los comentarios nada más por el honor simbólico de gritar “primero!”. Dudo que Lucía Etxebarría, siendo popular y todo como es ahora, pueda lograr tal cosa de la noche a la mañana. Hay que empezar por alguna parte, sin embargo.

Si yo fuera un escritor novel, haría lo de Casciari. Es la ruta larga, supongo, pero es la ruta.

Si yo fuera un escritor consagrado, sin embargo, intentaría otras cosas antes. Y lo primero es presionar más a los que manejan el negocio. Esta industria editorial, casi que por completo, ha demostrado una ignorancia alarmante en los asuntos de internet y el nuevo comercio global que ya la cosa raya en lo negligente. La experiencia de comprar es un desastre, sitios mal diseñados que son poco más que una lista de títulos con una opción de “añadir al carrito”, muchos de los libros no ofrecen siquiera una muestra del libro, un primer capítulo, digamos, que permita al comprador decidir si le agrada la escritura que hay dentro. No hay maneras de interactuar con el autor. No hay maneras de interactuar con los otros lectores, de recomendar el libro a tus amigos. Si a eso vamos, en muchos casos no hay ni siquiera manera de acceder a una copia electrónica del libro para leerlo en el Kindle, iPad o el computador, aparaticos que hacen que la clientela potencial no sea ya un pais sino el mundo redondo y entero. En una época en que nos quejamos de que hay menos lectores y más cosas compitiendo por la atención de éstos, las editoriales miran hacia el otro lado, hacia el pasado, confiando firmemente en que lo que funcionó antes funcionará después. Que es, ironías de la vida, la misma actitud de la industria discográfica cuando se encontró con napster. Y ya todos sabemos que esa historia tuvo un final feliz.

Yo creo que hay una oportunidad aquí, en alguna parte.

La cara amable dic 18, 2011

Cuando mis amigos colombianos me visitan en Estados Unidos se alarman por lo que ellos reconocen como la frialdad de la gente. En una ocasión en que fuimos a un supermercado me ofrecieron como ejemplo el que no había empacadores dispuestos a llevarle el mercado al carro a uno, de hecho, no los había tampoco para empacar el mercado y ha sido el mismo cajero el de la doble labor. Menos mal, pensé yo, que evité la sección de cajas auto-servicio en donde uno mismo se registra lo que compra, lo empaca y hace la transacción financiera con una máquina con voz de mujer robot.

El otro día fuimos a mercar en Medellín. Es de las primeras cosas que hacemos cuando venimos de vacaciones. Compramos frutas que no se consiguen allá, y mecato de diverso valor nutricional, y queso pera relleno de bocadillo. Y achiras. Entramos a un Carulla porque a mí me pareció, juzgando apenas por el nombre, más criollo que la alternativa: “El Euro”. Y mi parecer se equivocó, en su lugar nos topamos con un supermercado gringo, un supermarket y tal con productos “organicos” y ventas de sanduches en lugar de pastel de pollo o almojábanas. Las estanterías con amplia variedad de productos importados. Buscando otra cosa me topé con la sección de sopas enlatadas en donde vi el logo del supermercado local en California, esos productos genéricos que las cadenas de supermercados venden a menor precio. Eso me sorprendió un poco: por un lado yo entiendo que la gente quiera probar algo de lo de afuera y que no puede por otro medio; por otro lado se trata de una trampa moral porque no es eso lo mejor de lo de afuera, si acaso represente lo que comen allá lo de acá es mejor.

Pero el servicio es otra cosa. Te atienden las preguntas, te llevan el mercado a la casa, te tratan de “señor”, te ofrecen tinto o aromática mientras te registran la compra. La Chica aceptó la oferta y recibió una aromática de frutas. Al ver mi mirada de reproche, me respondió “hay que gomosear.”

Yo sufro en Medellín con el concepto de servicio amable de la ciudad. Debe ser que con los años me he vuelto más gruñón y antipático, que me ha terminado por gustar el método gringo de usté defiéndase solo. Acá es imposible entrar a una tienda sin que te pregunten qué está buscando o en qué le puedo ayudar, y los almacenes más grandes están diseñados lo más confuso posible casi que sugiriendo que preguntes algo para que consigas lo que quieras. En el Parque Explora, que es una genialidad genial, hay empleados cada dos metros, recordándote no apoyarte en los vidrios o estar todo el tiempo detrás de la línea amarilla o dispuestos a recitarte lo que con toda seguridad debe ser un libreto sobre el pescadito en la vitrina o la atracción de turno. Ese vicio de preguntar. En Colombia lo preguntamos todo, incluso lo que nos dicen para asegurarnos que oímos bien. Lo grave es que no siempre tenemos las respuestas verdaderas. El otro día me fui a buscar una copia de Ejercito Enemigo, la novela de Alberto Olmos. Cuando me di por vencido buscándola yo mismo le pregunté a uno de los vendedores. ¿“Ejercito de un amigo” de Alberto Hoyos? me pregunta de vuelta. Yo le aclaro. Le pregunta a los gritos a un colega. El colega le pregunta que si Alberto Hoyos es colombiano. Yo me pregunto eso que tiene que ver. Y le digo que creo es español. Luego el colega se va a la sección de literatura universal que es donde yo he estado buscando antes sin éxito. El colega regresa con la noticia de que no tienen nada de Alberto Hoyos. Yo quiero corregirlo, que es Olmos, pero me absorbe la nostalgia y con un muchas gracias simplemente me voy.

¿Son más eruditos los vendedores de libros en Estados Unidos? No, ellos simplemente usan el computador para investigar el catálogo.

Los restaurantes son la anomalía. En Estados Unidos, el juego está en mover mesas, la esencia del restaurante como negocio. Usté se sienta y el mesero de inmediato está preguntándote lo de tomar o lo del aperitivo. La comida es casi que inmediata. No recuerdo un restaurante en donde haya estado yo 15 minutos sin recibir la comida y sin preocuparme si me iban a atender. En esos casos, mucha gente simplemente se va. No hay paciencia para esas cosas. Lo que no es lo mismo que estar de afán o el cliché de que los gringos no saben divertirse. En un restaurante colombiano alguna vez pedí un jugo y me dijeron que el que hacía los jugos ya había cerrado su parte. Esto es un improperio contra el capitalismo en donde el cliente siempre tiene la razón. Pero aquí comer es distinto. Aquí comer me gusta más porque yo soy muy lento para esas cosas.

Usté no sabe lo que es presión hasta que vive en una casa en donde el grito de guerra es el que acabe primero le ayuda a su compañero. Yo aprendí todo lo contrario.

Un taxi en Medellín es una particularidad. Lo prudente es pedir uno por teléfono aunque no siempre y últimamente casi nunca se encuentran disponibles en horas pico. La aventura de tomarlo en la calle es una lotería, muchos taxistas al oír la dirección dicen simplemente que por allá no van. La suerte de uno es ir para donde el taxista vaya y que así lo lleve. Desconozco las razones de la costumbre, y lo que a uno se le antoja pensar es que el del taxi debe ser tan buen negocio que se permite uno escoger el cliente.

Así es que es bueno.

Veneno Vil dic 13, 2011

La historia es que este profesor universitario decide que ha visto suficiente de esta realidad y concluye que debe dar un paso al costado. Y no es nada que usté no haya visto antes, la gente va y viene todo el tiempo, y por distintas razones todas siempre válidas aunque a veces no tanto lógicas o sinceras. Antes de irse, sin embargo, decide otorgarse un último placer. Vivimos en la edad de la lujuria, después de todo, del narcisismo en traje filosofal. Escribe una carta, un manifiesto, un panfleto, un monumento a la estupidez. Lo hace público, como no. ¿Si un profesor universitario se queja de sus estudiantes en un bosque lejano y nadie lo puede oír, existe el profesor? ¿Existen los estudiantes?

La historia luego la toma uno de los diarios más importantes de Colombia y lo que debió haber terminado en un simple gracias por sus servicios, termina en un torpe debate sobre si la educación está bien o está mal, sobre si los pelaos de hoy en día son zombies o no son zombies infectados por la última creación del diablo verde, las redes sociales que deshumanizan y destruyen y no hacen nada absolutamente nada bueno por nuestra sociedad.

Los científicos deberían inventarse una máquina del tiempo, indio que se queje de la gravedad del presente y promulguen el oscuro pronóstico del futuro, lo empacamos y lo mandamos al pasado y lo dejamos allá, a una época en donde no haya penicilina, ni radio, ni luz eléctrica. Si van a llorar, que lloren por algo.

Uno puede leer el panfleto y pensar: no hay nada aquí. El hombre no quiso hacer más lo que hacía y ya está.

Uno puede leer el panfleto y pensar: sus razones traen algo de cierto, la juventud vive muy distraída con tantas opciones que hemos creado para ellos. Solo piensan en dinero y en la vía fácil y este camino hay que recomponerlo.

Uno puede leer el panfleto y pensar: todo sería más eficiente si los autores escriben de una vez los libros resumidos y no el libro completo. Así todos felices y no perdemos el tiempo en discusiones estériles y bizantinas.

Uno puede leer el panfleto y pensar: el que lo escribió se ha vuelto obsoleto por la modernidad. El mundo ha cambiado, la gente con él. De este camino no hay regreso. Internet como el medio más democrático jamás inventado está aquí para quedarse con todas sus virtudes y defectos.

Uno puede leer el panfleto y pensar: eso no es lo que el mancito dijo, sino esto otro o aquello más.

La primera reacción que tuve al leer el panfleto fue de ira. La expresé, irónicamente, en tuiter. Como profesional, que tal vez ha tenido más o mejores oportunidades que otros compatriotas, siento una responsabilidad por el que viene. No concibo la vida como una serie de exámenes que superar, no creo que las vicisitudes innecesarias autoimpuestas sean el método para fortalecer el carácter, creo que hay que edificar, que lo que hay, hay que mejorarlo siempre. No quiero ser colega del que escribió el panfleto, no quiero que mis hijos sean estudiantes de profesores que piensen como él, no quiero que Colombia tenga gente que piense como él. La vida es lo que hacemos de ella, dice el cliché, si renunciamos cuando el camino se empina, hacemos de la vida la disertación de los cobardes.

Mi terapista dice que debo acusar recibo de la ira, y luego pedirle que espere en el lobby. Y mientras eso ocurre permitirle a la parte dominante de mi cerebro tomar control.

Entonces me pregunto: ¿tiene el hombre la razón?

Por supuesto que no, el panfleto sigue siendo la definición de la estupidez vergonzosa.

Pero: ¿tiene la razón?

Colombia tiene esta relación sicótica con el dinero. Lo queremos, lo deseamos, sabemos que estaremos mejor si tenemos más de ello. Pero al mismo tiempo lo demonizamos. Encontrarse a algún personaje que gane mucho dinero y de una encontraras a sus críticos. Creemos que la gente que tiene dinero usa eso y solo eso para tomar todas las decisiones que tiene en la vida. Tal vez es que hay una diferencia enorme entre los pocos que ganan mucho y los muchos que ganan poco. Tal vez es que nuestro pasado religioso nos ha enseñado que el dinero envilece, que el único camino de una vida justa y decente pasa por no tener mucho, por vivir para sobrevivir, que el dinero es tentación, que el que lo consigue no es bendecido ni exitoso ni trabajador, es simplemente villano.

Usté va por el mundo y se da cuenta que la gente hace más, crea más, logra más, adelanta a la humanidad, cuando tiene acceso a ciertas comodidades. La adversidad enseña a la gente a apreciar cosas, pero no es el único camino, la vida no es el libro de Job. Habiendo crecido en una casa en donde no hubo mucho, no quiero eso para mis hijos. Hay que edificar. Llegué hasta aquí a pesar de las dificultades, no gracias a ellas. Y mi responsabilidad es al mismo tiempo esperar y exigir lo mejor de mi gente, sin excusas, sin traumas, sin culpas. Si haces lo mejor que pudiste, el mundo estará en paz, lo habrás cambiado para bien, ¿qué más puede uno pedirle a otro ser humano?

Hace un tiempo, cuando era un joven tratando de decidir si embarcarme en la aventura de un doctorado era una buena idea me topé con un artículo en la revista Wired titulado “Why the future doesn’t need us“, algo así como “Por qué el futuro no nos necesita”. Era una exploración sobre el avance descontrolado de nuestras creaciones tecnológicas que podrían (o podrán, según el tono del articulo) convertirnos en robots, producir híbridos entre humanos y robots, o simplemente iniciar la extinción de la raza humana. De vez en cuando aparecen artículos con el mismo tono, tal vez con conclusiones menos drásticas, pero siempre enviando un mensaje de alerta del peligro tecnológico. En estos últimos años el turno ha sido para las redes sociales. Que deshumanizan, que destruyen la posibilidad del contacto en vivo y en directo, de la interacción social de verdad verdad, que las construimos, que las hacemos, que trabajamos para ellas, gratis, y que a través de nuestro trabajo enriquecemos a unos pocos creadores de estos medios, quienes, a su vez, han logrado convencernos de que cosas como cuantos seguidores tiene uno o cuantos amigos o lo que sea son la verdadera medida del status social, del valor de la persona en el mundo.

Decir que lo que hacemos cuando tuiteamos o estamos en Facebook es solo para enriquecer a unos pocos es como decir que los humanos creamos el lenguaje para enriquecer a la gente que hace diccionarios.

Internet es mi religión. Siento una fe profunda en la gente que la habita. En muchas ocasiones he insultado a otros, los he ofendido. Nunca ha habido mala intención. Lo he hecho como el capitán del equipo que grita a su compañero, porque solo si el otro es mejor, yo soy mejor. Yo crecí en un pueblo de pocos habitantes, donde la gente sobrevivía apenas y lo poco que conseguía era para gastarlo el fin de semana tomando. Crecí viendo futbol pero sin nadie que quisiera hablar del catenaccio o de la virtud táctica de los que jugaron mejor el juego. Era todo superficial, sin esperanza. Como doscientos años atrás, la gente vivía como si el futuro ya estuviera escrito, vivido incluso. En otra parte me juzgaron por lo que yo podía hacer, por lo que había en mi cabeza, por lo que pensaba, internet amplificó eso en muchos niveles de magnitud. Encontré a mi gente. Mi gente me encontró a mí. Páginas en geocities, blogs, Facebook, twitter, redes, bytes, links, los caminos que conectan a mis hermanos en la fe. A mi gente. En donde hay quien también le unta mermelada de guayaba al sanduche de mantequilla de maní, en donde también hay quienes como yo cambiaron de carrera profesional, en donde hay quienes hablan de física cuántica con el mismo entusiasmo con que hablan de la táctica de Guardiola, en donde hay quienes leen a Harry Potter en las mañanas y a William Gaddis al atardecer. Pretender que lo único que hacemos es coleccionar seguidores para alimentar un imaginario ranking social es desconocer la esencia de lo que aquí hacemos, de lo que estamos construyendo. Pretender que lo único que hacemos es coleccionar seguidores es una interpretación perversa de lo que esto es. Y si no entiendes el medio, si no hablas el mismo idioma, ¿por qué esperas que el otro te entienda? ¿Si no hablas mandarín, te entenderían en la China? ¿Les dirías entonces, a los chinos, que deben aprender español o inglés porque es lo que tú hablas?

Internet es mi religión, la solución a mi soledad.

¿Es posible carecer de interés? ¿Es posible simplemente ser sin querer ser? Esta es la mejor época que la humanidad ha conocido. No hay duda. Pero es además una en la que es muy difícil estar vivo, ser feliz. Cuando era adolescente, leí emocionado las historias de De Broglie, Bohr, Planck, Schrodinger, Heisenberg. Una generación que construyó ella sola una de las teorías del universo más espectaculares que el hombre haya conocido. Se tardaron un cuarto de siglo, construyeron sobre los hombros de gigantes y tal, pero fueron ellos, tenían la ecuación y una visión distinta del mundo invisible. Nuestra generación, mi generación nunca vio algo semejante. Y cada vez será más difícil, supongo, a principios de siglo todo estaba por descubrirse, hoy te puedes pasar toda una vida sólo tratando de ponerte al día. Se hace cada vez más difícil dejar tu marca en el mundo. Se hace cada vez más difícil cambiar el mundo. Y sin embargo, escribí el otro día, los puristas le confirmarán que tu sola presencia cambia el mundo, lo cambia a diario, lo cambia siempre. Lo que hace falta es vivir, estar.

Debe ser difícil ser joven en esta época. Bufones diciendo que no pudieron “conectar” contigo. Bufones diciendo lo que hay que hacer. Esta es la forma, este es el método. Y todo cambia, todo el tiempo. Tuve un profesor universitario que una vez quiso proponer la vuelta de las reglas de cálculo, que el reencuentro con los números los hará más fuertes, mejor preparados para las batallas profesionales que se cruzarían en el camino, sin advertir siquiera que a las batallas íbamos armados de calculadoras científicas poderosas, que hacían gráficas, y resolvían ecuaciones diferenciales por doquier, y que tenían incluso un ojo mágico infrarrojo que servía para comunicarse con las otras calculadoras, tal vez para burlarse de la incapacidad de esta raza humana, tan preocupada por recordar, tan apta para olvidar.

Yo no sé de cierto si los estudiantes modernos saben o no saben redactar. O si prefieren una vida sin contratiempos o una vida de propósito. Yo fui afortunado, supongo. Tuve siempre profesores que se preocuparon por mí, que me enseñaron, ecuaciones y adverbios y geografías de lugares que nunca visité. Desconozco las razones, pero les agradezco la insistencia que tuvieron cuando me escapaba del salón de clase a seguir por radio la transmisión en vivo y en directo de Lucho Herrera pedaleando a toda velocidad por los Alpes franceses o a jugar fútbol creyéndome Willington Ortiz. Me enseñaron a ser autodidacta, me enseñaron que aunque el talento es eso que te hace creer que se puede, cuando el camino se empina lo único que te ampara es la disciplina. Y cuando fallaron, tuvieron la decencia de intentarlo de nuevo. No fallaron siempre, de eso estoy seguro.

“God is just what happens when humanity is connected.

The truth is, we all have this same cross to bear. I needed a couple extra DNAs to really get it. But everything we achieve is built on the sacrifices of others. Whether it’s the freedom we enjoy because of the soldiers who fight for our country, or the scientists who invent the cures that keep us healthy. We are all connected, we are all in debt to each other, we all owe every moment of our lives to countless people we will never meet.

The internet gives us the opportunity to pay back a small part of that debt. As a child, I believed in Creationism, that the universe was created in 6 days. Now we are the creators. Every one of us has our own unique skills and talents to contribute to creating the kingdom of God. We serve God best when we do what we love for the greatest cause we can imagine.”

Jim Gilliam

En diferido nov 22, 2011

Los días de fútbol son los más difíciles. Me tengo que esconder, evitar internet, las redes sociales y tal. Porque cuando hay un evento la gente quiere hablar del tema apenas ocurre, que hubo gol, que le lanzaron un botellazo a no sé quién. Y así. Pero yo trabajo en el día y no me es posible ver los juegos en directo, en su lugar los grabo y los veo en la noche, después de la cena familiar, de leer los cuentos, de conversar con los viejos, de pagar las deudas, después, cuando todo el mundo duerme. Me siento en el sofá de la sala, arrastro la mesita para poner ahí los pies, me sirvo algo de tomar y empiezo a verlo. En diferido. ¿Por qué diablos? Me preguntan. ¿Qué sentido tiene verlo con el resultado puesto? Yo soy un fan, suelo explicar, me gusta el fútbol por el fútbol, no por ganar o perder. Lo que es una contradicción, concluirán los más puristas, después de todo, si el fútbol es el medio y el resultado, saber cómo va el partido es irrelevante, no tiene nada que ver.

Tal vez.

Vivir en diferido es simplemente la consecuencia de una traslación de marcos de referencia. El partido no es a las dos, es a las diez. La serie de TV no la pasan el Lunes, la pasan el Viernes en la noche. Y así. Uno colecciona marcos de referencia por montones cuando va viviendo. En unos uno se mueve más rápido y el tiempo se dilata. En otros todo lo contrario. Lo importante es rodearse de gente cuyos marcos se encuentren en sincronía con los de uno. Tal vez un poquito movidos, pero esencialmente sincrónicos. No es fácil. Hay gente que vive toda la vida con marcos que no tienen par, singulares. Hay gente que trata de forzar traslaciones y rotaciones para ajustarse a otros marcos. Nunca funciona, y todos los involucrados terminan en cansancio, vencidos.

Va ganando el Madrid 3-0 me dicen. Putos.

De hinchas y padres oct 28, 2011

¿Cómo nace un hincha? ¿Qué lo inclina por el Real Madrid o del Barcelona, de River o de Boca? Una nota en NPR encuentra la causa en la tiranía de los padres. Uno es hincha de lo que era hincha el viejo. La explicación es que los niños encuentran en eso la vía para conectar emocionalmente con el padre. No hay mención de quienes crecieron sin la presencia paternal, ¿no se supone que somos una sociedad matriarcal por omisión? No obstante el razonamiento lo lleva al mismo camino, porque uno se hace hincha también para que los amigos lo quieran más.

El viejo, mi viejo, no veía fútbol. Tampoco lo hace ahora. No era fanático de deporte alguno. Yo me hice hincha por una coincidencia, un día cualquiera me encontré viendo al América de Cali perder una de las tantas finales de la Copa Libertadores que perdió, y de una forma tan absurda, tan brutal, tan fuera del patrón sensible de los humanos que era imposible pensar que eso se podía, o que se pudiera sin la intervención oportuna de un poder mayor, algo sobrenatural, un extraterrestre, una deuda karmica. Me hice hincha para ver el final de la historia.

Es una responsabilidad que pesa. La pasión debe administrarse para evitar la imprudencia de decir al descendiente este es tu equipo. Esas son decisiones mejor tomadas en primera persona. Una manera de verlo es que el equipo lo escoge a uno. Mientras llega, mejor visitar el arsenal de recuerdos. Socrates eliminado de un mundial que iba camino a ganar, Maradona a toda velocidad en tierras mexicanas, Falcioni sin tiempo de llorar, los bajitos de España imponiendo su ley en Europa, Zidane en Glasgow y el balón en una trayectoria sucinta, inverosímil. Otra manera de verlo es que el equipo es lo de menos.

Abandonos oct 19, 2011

Ira Glass hablaba de abandonos , de vivir sin algo, de abandonar cosas, vicios, de dejar a un lado defectos, de cambiar. El prologo contaba la historia del drama de alguien muy apegado al chupo cuando niño y las tribulaciones de sus padres para lograr que por fin lo dejara. Yo no he tenido vicios, a veces quisiera tener más, aunque tal vez la manera más precisa de decirlo es que tengo el peor vicio de todos que es el de ser adicto a una vida normal. Pero el tema es dejar algo, abandonar un comportamiento, una forma de actuar. Lo más fuerte en mi caso fue algo bien tonto. Cuando niño yo le tenía particular pavor a la oscuridad, a los fantasmas, vivía asustado con las historias de brujas y apariciones y de gente que hablaba con muertos. Todas estas supersticiones eran y son parte de la idiosincrasia costeña. Creer en ellas era diferente a no temerles. Para hacerle frente al miedo en las noches yo ponía un radiecito que me había regalado mi papá para que escuchara las transmisiones de la Vuelta a España o el Tour de Francia incluso cuando estuviera en el colegio. El radiecito no tenía mucho alcance, pero recibía las cadenas básicas de Caracol y RCN, las emisoras de tradición en Colombia. En las noches más claras incluso recibía la señal de radio Nederland, algo que para mí bordeaba lo mágico sintiéndome como me sentía tan remoto. Eso que empezó como un ataque al miedo se convirtió en una costumbre y luego en una dependencia. Mi mamá solía entrar al cuarto a apagarme el radio tarde en la noche preocupada con la cuenta de la luz. Despareció como vino, sin intervención mía. Algo absurdo en mi creencia es que las apariciones y los muertos y las brujas solo viven en los pueblos, en el monte, liberado de esa presencia en las ciudades el radio, por fin, llegó a apagarse.

Nuestro héroe renta un porno oct 17, 2011

En el pueblo había una tienda de alquiler de videos y luego había dos. Una manera de verlo es que el pueblo no podía sostener dos ofertas de esta clase. Otra manera de verlo, y la manera en que lo vio el proponente de la segunda oferta, es que la gente tiene una mente abierta a diversas propuestas de valor que pueden traducirse en el disfrute y el entretenimiento conscientes todos de que al morirse uno nada se lleva y que lo más importante es el aprovechamiento del breve instante en que estamos de este lado de la existencia para la búsqueda de la felicidad. Y en lugares como éste, al que la gente descarta tan lejano como decir que es allá donde el diablo tiene la cueva, ese tipo de aprovechamiento se traduce a su vez en liberar la imaginación para compensar lo que la realidad física de todos los días no alcanza a satisfacer.

Lo más importante a tener en cuenta es que en esta segunda tienda tenían un catálogo respetable de porno.

El protocolo establecido era, uno pedía el catálogo que era uno de esos álbum de fotos solo que en lugar de recuerdos de otro tiempo uno encontraba la carátula frontal y el teaser posterior de tal o cual película. Este sistema se cuenta entre los muchos ejemplos de la atención al detalle que le garantizó al dueño el éxito en el negocio. La portada le da a uno la idea de quienes son los protagonistas, una idea de qué clase de fetichismo persigue el filme, y la contra carátula es el gancho final lo que convence al futuro vidente de que tiene muchas opciones para su escogencia pero ninguno que estimule el aparato visual orgásmico como el que tiene en sus manos. El hombre tardó un poco en escoger. No suele muy a menudo, una manera de verlo es que hay gente que sabe de antemano lo que le mueve el bote y no teme ir por ello, otra manera de verlo es que el porno ochentero no ostentaba la versatilidad que usted y yo podemos admirar hoy en día. Antes tenía uno suerte si encontraba la exploración interracial, la sodomía y el bukkake en un solo ofrecimiento. De no haber sido por esta dicotomía, no hubiera tenido la oportunidad de enterarme de las oportunidades que me estaba perdiendo, y no hubiera querido en consecuencia echar un vistazo y si es posible llevarme una a casa. El único problema era, existía en ese tiempo como ahora el prejuicio total a no permitirle acceso a estas cosas a quienes por pura anécdota cronológica se cuentan menores que el arbitrario límite de la adultez.

Le dije, tengo la misión de escribir un ensayo, nada del otro mundo 500 palabras, sobre la influencia de la lúdica en la reproducción en el reino animal.

Le dije, lúdica se refiere en términos generales al juego, a jugar, ha notado que ya nadie juega por jugar?

Le dije, el reino animal de los animales lo tengo cubierto, me falta entonces el animal más famoso de todos.

Me dijo, el problema es que eres menor de edad. Tal vez si traes una carta del colegio explicando la necesidad de lo que pides yo puedo hablar con el dueño a ver que dice. Lo otro que puedes hacer es venir con tu papá.

La relación con mi padre es de por sí disfuncional, pensé, sin haber necesitado compartir decisiones en el campo de la auto-lujuria.

Le dije, tal vez lo que necesito es hablar con el dueño directamente. Después de todo yo soy un hombre de acción, se cae de maduro que urja hablar en plata blanca con gente que comparta mi visión pragmática del mundo, cosa que encuentro dificil que usté comparta.

Me dijo, de momento no está, no sé cuándo volverá.

Algo que uno nota es que en Colombia la gente de acción con visión pragmática del mundo se la pasa en reuniones o haciendo vueltas.

En la encrucijada, hice lo que cualquier persona con sangre roja por dentro hubiera hecho: mecanografié la carta como imagino la hubiera escrito algún personaje razonable en el Colegio de haber entendido el mundo desde un punto de vista pragmático en el que la lúdica en la reproducción animal son accesibles a través de lo que hemos ido plasmando en los diversos medios de expresión artística, como el cine en todas sus versiones.

En el enredo preliminar perdí de vista la preparación para la decisión final una vez tuviera acceso al catálogo. Me decidí por Emanuelle. Lamenté tanta vaina y tanto sudor para tanta ausencia de situaciones explicitas. Es una versión poética de lo que realmente sucede. Como si el director hubiera hecho la película que algún ser razonable haría de ver el mundo desde un punto de vista romántico y lleno de emoción y no desde el pragmatismo accionario de esta edad de la lujuria.

Volví por otra, expliqué, algo anda mal con esta película, me ha ensuciado los cabezotes del betamax.

Terapia oct 13, 2011

La idea es evitar que la olla a presión que lleva uno por dentro explote sin aviso previo, sin dar oportunidad al transeúnte desprevenido de encontrar refugio. Le cuento sobre mi alter-ego. Hace muchos años ya estaba leyendo una novela llamada Satanás, del escritor colombiano Mario Mendoza, que tiene un cantidad tremenda de referencias a Dr Jekyll y Sr Hyde, y eso me hizo pensar, qué tal si todos somos en realidad dos, eso me hizo concluir, todos somos en realidad dos, pero sucede que en la mayoría de la gente eso no se nota porque uno de los dos, ya sea el Dr o el Sr gana por goleada y entonces el espectador distraído concluye que solo hay una entidad posible. El problema ocurre cuando la competencia es más feroz, más pareja. La solución que propuse hace muchos años ya fue crear un alter ego, que vive únicamente en internet, esto más que todo para evitar confusiones con terceras personas, en realidad vive en todas partes. La regla es que el alter ego puede ser quien quiera que sea en internet, no hay límites, si quiere tener un audi tiene un audi si quiere hablar con los ricos y famosos habla todo el tiempo con ellos y los tutea. Pero entonces algo inesperado ocurrió. El alter ego se convirtió en la válvula de escape de todo lo demás y fue monopolizando lenta pero seguramente todo el comportamiento que es por decirlo de algún modo socialmente detestable. El ego de este lado veía este asunto con admiración porque cuando uno lo piensa bien lo que encontramos detestable en la sociedad por lo menos de este lado de la ley es aquello que no podemos ser por convicción o por prejuicio. Y eso estuvo bien por un tiempo pero estas cosas tienen su manera absurda de proceder subversivamente que es la única manera de explicar lo que aquí sucede, que es lo mismo que decir que el alter ego convenció al ego de este lado que el alter era la única manera posible de ser o por lo menos que era divertido e inofensivo ir intercambiando posiciones aleatoriamente de la misma manera que hacen los gemelos idénticos para sacar de quicio a quienes no pueden distinguir cual es cual. Y este comportamiento, inconcebible para usté o para mí, habitantes de este mundo enorme, hubiera seguido pasando en desapercibido si no es por la realización casual de que cuando el alter ego mueve los hilos de la ira la ira se manifiesta con un dolor intenso al sur de los omoplatos. Cuando esto ocurre, no hay manera de detenerlo pero ofrece la oportunidad de alertar al transeúnte desprevenido que de momento hemos perdido el control.

35 oct 11, 2011

Una manera de verlo es, la apatía que viene con los años es bienvenida, refrescante. Otra manera de verlo es que con el paso del tiempo disminuye la ansiedad por convencer a nadie de nada o a todos de todo. Otra manera de verlo es que después de los 35 se pierde la posibilidad de ser la revelación de algo o la promesa de otra cosa más. Lo importante es reconocer que si la única virtud que uno ha cultivado es la de ser niño genio, la única certeza posible es que antes más que después se queda uno sin nada que cultivar y menos que vender.

Pasión Azulgrana sep 09, 2011

Martí Perarnau escribe uno de los blogs de fútbol que más me gusta. Aquí se deshace en elogios para Guardiola.


Dijo Arrigo Sacchi que la evolución del fútbol pasaría por convertir todo el terreno de juego en un centro del campo y llenarlo de centrocampistas (no sé si empleó exactamente estas palabras). Pep escuchó aquello y el Barça está por la labor. Seis centrocampistas en la alineación inicial más Messi, que lleva dos años siendo un centrocampista más, un todocampista-goleador, rara avis, especie singular. Con esos 7 centrocampistas, el juego de posición adquiere una dimensión desconocida y se acerca a la profecía de Sacchi. La fluidez deviene en movimiento perpetuo (“perpetuum mobile”).

Movimiento Perpetuo, dice.

La liga española empezó hace un par de semanas mostrando que seguimos donde íbamos. Barcelona y Real Madrid, dos locomotoras a toda velocidad y los demás jugando por el tercer puesto. La única diversión viene del schadenfreude de ver perder estrepitosamente al Real Madrid o, qué se yo, ver a Cristiano Ronaldo intentar y fallar un penalti. Los desastres los provee el Real Madrid. El Barcelona no tiene un mal día desde hace cinco años. Las evoluciones de la que habla Perarnau son el lujo del que se sabe superior, del que no tiene rival alguno salvo a sí mismo.

Si usté lo ve bien, los odios los despierta el Madrid. Son antipáticos, juegan al límite de la lealtad, con una pasión a veces conmovedora, a veces absurda. Su técnico además se transforma en detestable cuando empieza el fútbol. El otro día, jugando uno de los clásicos, agredió físicamente a uno de la comitiva rival metiéndole un dedo en el ojo. Detestable. Hay muchas razones para odiar al equipo merengue.

Del otro lado es distinto. El Barcelona ha conseguido 12 de los últimos 15 títulos por los que compitió. Muchos de ellos con una superioridad abismal, absoluta sobre el rival. El último que jugó, la Liga de Campeones de Europa, lo ganó con una solvencia tal que los jugadores contrarios parecían principiantes, niños de pre-escolar. El otro día bromeaba que lo mejor que puede hacer la UEFA es declarar al Barcelona campeón de la Liga de Campeones y evitar en lo seguido que participe. Lo digo en serio, son mejores, ahora dejad que los humanos nos divirtamos.

Es por eso que no entiendo tanto fanático recién creado del Barcelona. O bueno, lo entiendo: hay gente que prefiere ganar porque el que gana es el que goza y entonces se alinean con el ganador de turno. Pero no lo entiendo: qué pasó con alinearse con el débil. Imagínese si a usté le cuentan la historia de David y Goliat. Si, si, Goliat era un gigante, David un chiquitico. Goliat aprovechó su tamaño y aplastó a David. El Fin. The End. Dónde está la esperanza por el que no tiene, por la mujer pobre y fea que a fuerza de coraje se convierte en rica, bonita y consigue el amor del príncipe. Dónde estamos usté y yo.

El Barcelona es el estudiante inteligentísimo de la clase, que siempre saca cincos o dieces y recibe carita feliz de los profesores y lo sacan a izar la bandera, y por el que suspiran las niñas mientras dibujan en el cuaderno un corazón flechado. Todo lo que usté no era. El Barcelona es el tipo que llegó al trabajo diez años después que usté y que no obstante ya es jefe del jefe de su jefe. El Barcelona es el tipo que su mujer quiere que usté sea, el que lee a Rimbaud y sabe arreglar el lavaplatos cuando se daña, el que la tiene más grande, el que maneja un audi, el que sabe el uso y el desuso de los ocho cubiertos en la mesa. El que salva niños enfermos de cáncer, desafía la bolsa de valores y hace el amor tres veces, todo eso antes del mediodía. Esto es el Barcelona. Imposible odiarlo. Imposible ser él. ¿Qué nos queda a usté a mí?


The Mullets of Medellín, Colombia

Huracán! sep 08, 2011

El huracán Irene llegó a la costa este estadounidense causando estragos. No son divertidos los huracanes. Hace un tiempo, cuando vivíamos en la Florida, llegó a la región un huracán de categoría 2. Huracán chichipato si de huracanes hablamos. Un huracán perdedor. Este era el huracán al que nadie invitaba a salir en el colegio y lo escogían de último en los equipos de fútbol. Así y todo, o tal vez por eso, cuando pasó por la ciudad levantó techos, reacomodó arboles como si fueran de juguete y en general alteró la paz y cuestionó existencias. Por los días que llegó a tierra, teníamos una invitación a un matrimonio en una ciudad en la otra costa florideña. J y yo fuimos y hasta allá llegó el eco del aguacero. Yo le pregunté a J sobre qué clase de augurio representa que llueva de forma tan brutalmente espectacular en un día tan importante de la edad adulta.

Lo que recuerdo, sin embargo, es el embolate que precede el drama. El avance tecnológico es tal que hoy día un viento raro, una perturbación de presiones atmosféricas en la costa africana permite predecir, casi siempre con un margen de error total, lo que va a pasar de este lado en varios días. Se emiten comunicados, se conjeturan trayectorias, se advierten intenciones, se urge a la acción. Cuando el drama se hace inminente, la gente se une a la conmoción, se cubren las ventanas con láminas de madera, se abastece de agua y gasolina y baterías, se cavila sobre el mundo sin electricidad, se teme por lo peor. Cuando la vaina llega a tierra lo primero que se va es la luz y la única relación de uno con el mundo es el desmadre de afuera.

Desde lejos se ve distinto. Uno ve el desmadre por tv. Casi siempre un reportero intrépido desafía la tormenta comentando en vivo y en directo desde afuera y todo cómo va la cosa. Uno lo ve aguantando lo que mejor puede el empuje del viento. A veces el viento gana y uno lo ve dando tumbos. Casi siempre el reportero viste algún impermeable. El mundo a punto de acabarse y la preocupación más grande es que se va a mojar. Me pregunto por qué lo hacen? Por qué transmiten en directo? Tal vez piensen que si no la hacen no les vamos a creer. Usté lo ve todo el tiempo y no solo con huracanes. Si, estudio, estoy aquí en el aeropuerto, que usté puede ver a mis espaldas, en donde hay varios aviones llegando y saliendo tarde, adelante estudio. Tal vez piensen que si uno no puede ver el aeropuerto detrás uno va a pensar que le están mamando gallo. Foto o no pasó. De pronto tengan razón, de pronto es que no les creemos.

Desconocidos en un tren sep 07, 2011

Rara vez uso Facebook. Lo hago apenas para enterarme en qué anda mi hermana y para compartir la foto ocasional. Pero no mucho más. No escribo en mi “Wall”. No hago “check-in”. No espío el “status” de mis amigos. A pesar de esto, tengo varios “amigos” en Facebook. Mi red social no es titánica pero puedo decir que con toda la gente que hace parte de ella he compartido en algún momento el espacio tiempo de verdad verdad. Estoy en Facebook desde hace mucho tiempo, desde la época en que el acceso estaba restringido a estudiantes universitarios y hacer “poking” era lo último en guarachas. Y con el paso de los años se convirtió en un recopilatorio de amigos. Una especie de Grandes Exitos de mi paso por el mundo interpersonal. Más que todo, gente del pueblo, y de Medellín. El otro día me encontré en la lista de actualizaciones, una que alertaba a la gente que la autora había cambiado de estado civil emocional. De “es complicado” a “soltera”. La última vez que miré había 57 comentarios. Casi todos simpatizando con la causa. Algunos ofreciendo un hombro para llorar, otros un oído abierto para el desahogo, y otros más pragmáticos ofreciendo irse de fiesta. Todos tienen un tono grave, como si estuviéramos en presencia del fin del mundo. Tal vez lo estamos. Ella se llama Juliana, somos amigos facebookianos de hace tres años, tenemos 19 amigos en común. Y yo no tengo absolutamente ninguna memoria de haberla conocido nunca. He estado meditando al respecto, sobre cómo remediar la duda. Preguntarle ¿tú quién eres? se me antoja descortés. Lo más práctico de hacer, he concluido, es preguntarle a los amigos: ¿Quién es ella?. Mirando la lista me doy cuenta que el caso de Juliana no es único. Hay como ella muchos más, casi todos. Hay un rostro, un nombre, la evidencia de un pasado juntos y la brutal realidad de haberlo olvidado todo.

Las manos sep 06, 2011

Mi terapista me pregunta qué pasa después. Le digo que sólo en una ocasión perdí el control. Lancé una vela de esas de decoración contra una puerta. Luego tenía tanta adrenalina en el cuerpo que no pude sino recostarme. Me fui al cuarto y me metí debajo de la cama. No tiene sentido, le explico. ¿Alguna vez ha golpeado a una persona? No, nunca. Pero de inmediato corrijo. Una vez, hace muchos años. Fue una cosa de niños. Walter vivía frente a la casa, era (y todavía sigue siendo) dos años mayor que yo, y en esa época dijo algo insultante contra mi familia. No recuerdo el detalle del insulto, sólo que en ese tiempo lo juzgué de un tamaño brutal. Y entonces, no sé de donde, vino esta fuerza incontenible, ese frío en la espina. Fui donde él estaba y sin mediar palabra le pegué un puño en la mejilla izquierda. Tal vez, más por la sorpresa de la humillación que por la dureza del golpe, con los ojos medio llorosos se fue a su casa sin decir mucho más. A mí me castigaron con dos semanas de barrer el patio y lavar los platos y sin poder ir a jugar fútbol. A él lo vi comiendo helado al día siguiente. Aparte de eso no, nunca golpeé a nadie. No creo que lo haría. Yo vi a mi papá golpear a mi mamá. Entiendo lo que eso hace. Y eso supera cualquier otro sentimiento que pueda aparecer. Siempre gana por doble u. Le explico esto gesticulando. Muevo las manos, trato de darle la forma a un pensamiento alineando estratégicamente los dedos. A veces las palmas miran hacia arriba, rara vez hacia abajo y casi siempre se enfrentan entre ellas. Me vuelvo consciente de mí mismo. Como en ese cuento de Murakami en el que el tipo se mira al espejo y por un instante duda si él es él o es él el del espejo. Las manos son el espejo del alma y tal. En la Universidad tuvimos que hacer una presentación en una de esas materias aburridas que a nadie le importan, de humanidades, creo. Mi amigo Santiago cerraba la discusión y lo hizo bien. Al finalizar la profesora le sugirió que en el futuro evitara guardarse las manos en los bolsillos todo el tiempo mientras hable en público. Confundidos, le explicamos que eso contradice lo que a uno le recomiendan los expertos en protocolo, que mover las manos distrae a la audiencia. Una vez, dijo ella, supe de un tipo que hizo una presentación con las manos en los bolsillos y en todo ese tiempo ni hizo sino tocarse la cosa más horrible. ¿La cosa más horrible? La cosa más horrible.