Santa Maradona

Lo que no puedo dejar atrás ago 26, 2014

1.

El jueves antes de volver fui con mi papá a su primera y última cita de cuidados paliativos (qué nombre terrible) en la Clínica del Dolor (otro nombre terrible). Llevaba puesta la camiseta de la selección Colombia, por supuesto. Esto de un man que nunca gustó del fútbol pero que había sido convertido en tiempo récord a la iglesia de James. “Me vi todo el mundial en el hospital” le explicó a la doctora mientras ella revisaba su historia clínica. En la tarde le pidió a mi mamá que le comprara a El Heredero la camiseta de la selección, la amarilla y no la roja porque para qué alborotar una mala memoria. En la noche le dije que grabáramos un video (no teníamos internet) para que él le explicara a su nieto el significado de la camiseta. La explicación fue larga y llena de detalles sobre lo que funcionó y no funcionó en el mundial, de la importancia de la camiseta número 10, de lo que quiere decir ganar y perder, del gol de Yepes, de adidas, de los costeños del equipo. La explicación fue tan larga que llenó el poco espacio que le quedaba a mi teléfono. El último video que le hice termina prematuramente y uno hará bien en no leer alguna metáfora sentimental ahí porque para qué alborotar una memoria.

2.

En el momento en que él respiraba por última vez, yo andaba muy lejos, navegando una exposición de dinosaurios junto a El Heredero. Ninguno de los dos vestía la camiseta de la selección. La exposición ha sido un éxito en la localidad conquistando a chicos y grandes con sus muñecos baratos y enormes, supuestas réplicas de los animales de otra época y que se mueven en bucle con movimientos torpes y antinaturales y que de vez en cuando sueltan algún alarido brutal, de amenaza o de saludo, quién sabe. En los pasillos del lugar varios empleados de la compañía organizadora se pasean con un dinosaurito en brazos al que mueven como marioneta saludando a los más pequeños causando risas por doquier y alborotando expresiones de ternura. El tema del destino de los dinosaurios lo zanja rápidamente un letrerito justo antes de la salida con la historia de un meteorito que nos estrelló un día e hizo desaparecer lo desaparecible. En el orden antropocentrista de las cosas, cuesta creer que entre tanto mito y leyenda no nos haya alcanzado el tiempo para rendirle homenaje al dios meteoro, un dios que es una roca, que debimos llamar PIEDRO, y que se deleita en destruir.

3.

Al momento del primer síntoma visible y al momento de la muerte los separan escasos tres meses. No tuvimos tiempo ni de escoger las memorias que queríamos conservar. Quisiera poder decir que hubo una epifanía de última hora, que salimos más fortalecidos y no simplemente más solos, que sabemos algo más de la vida ahora, que entendemos más y sentimos con mayor fidelidad y la comunión con el universo es ahora más nítida y pura. Pero qué va. En un momento estaba vivo y al siguiente no. Y todo siguió.

Todos los miedos en un día jul 20, 2014

El viejo tiene cáncer pancreático. Es lo que ha dicho el médico. Dijo otras cosas, pero yo escuché hasta ahí. Es un cáncer traicionero, no mostró las cartas hasta que supo que ganó. Los médicos lo venían sospechando desde que entró al hospital hace unas semanas, pero los otros síntomas estorbaron el diagnóstico todo este tiempo. El lunes pasado, ya entre la frustración y la urgencia, programaron una cirugía para el viernes, hoy, ayer, a las siete y media de la mañana. Poco más de una hora después el cirujano llegó con el reporte de haber sacado una masa de varios centímetros que se fue para algún análisis que no entendí, cuyos resultados condicionarán los pasos a seguir. Pero el daño es extenso, los pasos posibles no serán muchos, tal vez ni siquiera existan.

Hace un rato me sorprendí escribiendo de él en tiempo pasado. No estoy preparado para el tiempo que nos queda.

Siempre fue muy distante el viejo. Muy celoso de sus sentimientos. Guardián del poder que tiene la percepción sobre la realidad. Fue muy duro conmigo, además. Que era por mi bien, me dijo muchas veces. Supongo que es la norma en Colombia. Vivimos vidas tan distintas él y yo que siempre sus consejos parecían para un destinatario distinto, absolutamente fuera de foco. Ese bien para mí que él siempre quiso, en realidad nunca lo pudo definir. No realmente. Pero ha sido mi marco de referencia. Mi vida la cuento como su paralelo y su extensión. Heredé su mal genio, sus migrañas, su sensibilidad —esa sensibilidad que ahora detesto—, su pasión inconclusa por la pintura—que en mí tiene otro nombre, su mala suerte en el matrimonio, su terquedad para hacerlo funcionar en nombre del hacer lo correcto pero no el estoicismo para pagar el precio. De él aprendí a esconderme del mundo y a sonreír mientras lo hacía. Su desparpajo fue siempre un enigma, era el síntoma de algún secreto de vida que nunca me contó, o era simplemente la renuncia a crecer del todo. Quién sabe.

Yo salí de la casa cuando tenía quince años. Y desde eso la distancia con mis padres no ha hecho sino crecer. Esa distancia no me preparó para la fuerza de esta realidad. No sé de dónde vienen estas lágrimas. No sé por qué no se acaban. Hace muchos años, alguien dejó en la casa una de esas latas de pintura que se usan para hacer grafiti. Yo era muy niño y llevado más por la curiosidad que por la rebeldía empecé a garabatear cosas en la pared del patio. Mi papá no logró encontrarle la gracia al resultado. Pero no me regañó. No dijo nada, de hecho. Lo que hizo fue ir por pintura blanca para cubrir mi desastre. Y luego, sobre ese parche blanco, pintó una reproducción de una obra de Picasso (La Cocina, creo que se llama). Fue la primera vez que lo vi pintar. Es una de las memorias más viejas que tengo, de esas que me rehuso a olvidar. No se habló más del asunto, y nunca le dije por ejemplo que ese día me di cuenta de lo poco que lo conocía, que él era más que esta figura que regañaba y trabajaba de sol a sol y prefería comer solo en la cocina. Una persona que en los años venideros me empeñaría en conocer completamente. Ojalá nos haya alcanzado el tiempo.

Yo salí de la casa cuando tenía quince años, cuando él tenía los años que tengo ahora. Hay algo brutal en eso.

Día sin fútbol jun 25, 2014

Hoy decidí hacer una pausa en el fútbol. El otro día se me ocurrió la idea de un blog colectivo de fútbol para distraerme un poco de todo lo que está pasando. Y me he distraído de todo lo que está pasando. Estas vainas funcionan en el modo cursi que tienen los libros de autoayuda que sugieren canalizar la tormenta en algo positivo en vez de algo destructivo y así. Pero a veces hay que rendirse un poco y permitir una derrota, qué sé yo. Las noticias de mi papá enfermo tampoco ayudan. La logística de llevarlo del pueblo a Medellín y navegar la confusa burocracia del sistema de salud colombiano desde acá tan lejos quiebra el espíritu. Me desahogo acá, ignorando cualquier aviso de prudencia porque la verdad es que no hay más nada. A uno le enseñan a que tiene que seguir, a ser guapito, verraquito, qué sé yo. Pero a veces la energía solo alcanza para ser todo lo contrario. En eso vamos.

Esto solo pasa en cámara lenta jun 24, 2014

Alguna vez, hace un tiempo ya, le pregunté a un terapista cómo hacer para impresionar a alguien. De pronto fue una terapista. Fue hace mucho tiempo ya y yo he pasado por muchas terapias. La situación era ésta. Había una chica (nadie ha dicho que esta iba a ser una historia original) que me parecía fantástica. Por varias razones que no vienen al caso. Ella solía, constantemente, manifestar esta admiración por un amigo que teníamos en común. Nada obviamente romántico pero los celos del momento no suelen reparar en estos detalles. Cómo hacer para que esta chica se fije en , pregunté yo. No recuerdo la reacción de el/la terapista. Supongo, muy profesional. Esta gente no le muestra el desdén a uno así de pronto. Recuerdo que no me reveló el secreto de cuya existencia yo mismo me había convencido. Estos saltos de cero a espectacular no ocurren nunca. Todo es gradual y todo es en cámara lenta. Pero cómo hacer que me note. Insistí. La misma historia sobre el movimiento no newtoniano de la simpatía. A veces todo es tan lento que no es posible distinguirlo de cuando no va a pasar. A veces hay que maximizar hacia el lado en que la viscosidad es más baja.

Ser invisible es un súper poder. No está de mal recordarlo.

No sé por qué me acuerdo de estas guevonadas a esta hora.

Silencios de otra clase jun 01, 2014

Le estaba contando a OK de esta anécdota que había leído en una de las biografías supongo que es una deben haber muchas ya de David Foster Wallace1 que me había tocado no sé por qué por esas cosas que uno atribuye a la propia sensibilidad y que ahora volvía a recordar cuando OK empezó a leer apartes de la página que Wikipedia le dedica a Café con aroma de mujer, una novela que capturó el corazón y la atención no necesariamente en ese orden de la Colombia de los noventa. Fue difícil vivir los noventa. OK es (creo) bogotana y conserva la dicción correspondiente que es usté habrá oído el termino muy musical; pero cuando habla en inglés le da un carácter más formal a su pronunciación. Como si en lugar de estar hablando de una telenovela colombiana estuviera hablando de una telenovela colombiana en una reunión de emergencia de la Organización de las Naciones Unidas. Entonces es cuando recuerdo la anécdota del escritor y trato de imaginar si es posible imaginar una novela más árida y antipática para leer en voz alta y si uno decide que sí que es posible imaginar otras muchas otras en donde no pasa absolutamente nada pero carecen del consuelo del lenguaje llamativo y virtuoso y consciente de su virtud del Ulises entonces usaría usté una entonación que le combine o se dejaría llevar por su pronunciación coloquial que lo que importa es la personalidad y la compañía.

Hay mejores formas de irse a dormir, es lo que quiero decir.

Que la gente siga leyendo en voz alta es una cuestión en desuso. La gente adulta, digo. Otra forma de verlo es que de todas las nostalgias que nunca llegaron a ser es esa de que me lean en voz alta el Ulises, o di tú, El otoño del patriarca. Es mejor haber leído y escuchado que nunca haber leído. O algo. En Estados Unidos, en donde al parecer entusiasma la idea de comercializar cosas, la profesión de Oyente Profesional existe. Un poquito menos que un psicólogo terapista profesional, un poquito más que un extraño con el que compartes asiento en el bus. Le llevas los problemas, te desahogas la vaina y por una módica suma ellos prometen escuchar activamente y decir que entienden y no interrumpir y no juzgar y sobre todo no dañarlo todo con sugerencias de como arreglarlo todo.

Pero no existe, por lo menos a saber de este servidor, un lugar ocupación o destino al que uno acuda a escuchar una voz que te cuente cosas nada serio nada personal nada que amenace que de amenazas ya estamos llenos que no permita interrupción pero que solo esté ahí para ti y tu soledad. O algo. O algo menos cursi.

Yo alcancé a creer, en su momento, que Gaviota y Sebastián Vallejo eran hermanos y la vaina no iba a poder ser. De eso es lo único que me acuerdo.

[1] De Every love story is a ghost story, una biografía de DFW2:

“After the children were asleep, the Wallace parents would talk, catch up with each other, watch the 10 p.m. evening news, and Jim would turn the lights out at 10:30 exactly. He came home every week from the library with an armful of books. Sally especially loved novels, from John Irving to college classics she’s reread. In David’s eyes, the household was a perfect, smoothly running machine; he would later tell interviewers of his memory of his parents lying in bed, holding hands, reading Ulysses to each other.”

[2] Una traducción torpe:
“Después de que los niños se dormían, los padres de Wallace hablaban, se ponían al día, veían el noticiero de la noche, y Jim apagaba las luces exactamente a las 10:30. Jim llegaba a casa todas las semanas con un montón de libros que sacaba de la biblioteca. A Sally le gustaban especialmente las novelas, de John Irving a las obras clásicas de la universidad que ella releía. En los ojos de David, la casa era una máquina que funcionaba perfectamente; tiempo después él le contaría a entrevistadores la memoria de sus padres en la cama, tomados de la mano, leyéndose Ulises el uno al otro.”

La posibilidad del futuro dic 02, 2013

Como yo no tengo (esta es mi excusa) un sistema emocional cercano (o lejano) en el que apoyarme a la hora de tomar una decisión suelo preguntarle a internet por consejo y a Los Científicos que jueguen al interlocutor. Y leer libros de autoayuda, una especie de adicción. Es como dicen que el que no oye consejo no llega a viejo, lo implicito es que haya quien los dé.

Entonces ahora que estoy tratando de tomar una decisión me topé con una nota en Science sobre lo mal que somos prediciendo lo mal que lo vamos a pasar en el futuro.

The single best way to make predictions about what you’re going to want in the future isn’t to imagine yourself in the future, … it’s to look at other people who are in the very future you’re imagining — Your elusive future

El artículo en cuestión es este. Y estos son pedazos de ahí.

people may believe that who they are today is pretty much who they will be tomorrow, despite the fact that it isn’t who they were yesterday. (…) people expect to change little in the future, despite knowing that they have changed a lot in the past, and [this] tendency bedevils their decision-making.

Prospection is a constructive process, retrospection is a reconstructive process, and constructing new things is typically more difficult than reconstructing old ones (…) If people find it difficult to imagine the ways in which their traits, values, or preferences will change in the future, they may assume that such changes are unlikely. In short, people may confuse the difficulty of imagining personal change with the unlikelihood of change itself.

Todo esto es terrible.

El galán moderno, un análisis nov 15, 2013

Avisaron en tuiter que un la revista DONJUAN‎ de una oportunidad de empleo (soñada si me preguntan a mí). El asunto pareció golpear alguna que otra susceptibilidad pero quién soy yo para juzgar las idioteces que hace mi gente. Como me interesa la oportunidad, decidí estudiar los requisitos en detalle para entender mejor cuales vendrían a ser mis chances. Estos son mis apuntes.

Primero el anuncio original.

Busco redactor para DONJUAN. Requisitos: que sepa que es un motor V8, que quiera tener en algún momento de su vida un BMW o un Mercedes (nunca un Veloster), que prefiera la punta de anca al lomo y la pida término medio (o azul, nunca 3/4). El whisky debe pedirlo con un solo hielo. Es deseable que no sepa bailar y haya entendido y se haya reído con esta escena de Mad Men (sí, tiene que haberse visto Mad Men y amarla y respetarla, más que a Breaking Bad). Nada debe parecerle obvio y no debe sufrir con la frustración (se garantizan grandes dosis de frustración). No debe usar usar medias blancas ni lavarse los dientes en el baño de la oficina. Deben gustarle las mujeres como Kate Middleton y Anne Hathaway y leer medios de comunicación en inglés (y que al menos pueda llamar a Estados Unidos a pedir una foto sin ningún temor). Preferimos gente que use dispositivos Apple, que odie el PC y que mire con desconfianza el Android. Debe tener sentido del humor, es decir, debe haber odiado en su infancia al Chavo del 8 y reírse con cualquier película de Woody Allen. Por último, Rayuela no puede ser su libro favorito (ni ninguno de Murakami), debe recordar la primera escena de Frank Sinatra está resfriado, de Cochise a vuelo de tequila y el final de El duque en sus dominios.

Ahora mis apuntes.

Busco redactor para DONJUAN.
Jaja. “redactor”, jaja, buenísimo.

Requisitos:

que sepa que es un motor V8,
Un V8 es un motor de usanza en carros de alto poder. El dato es tan básico que yo lo planillo como un asunto de cultura general. Los verdaderos hombres no solo saben qué es un V8, los verdaderos hombres están armando uno en el garaje de la casa en este momento para montarlo en un Ford Mustang clásico de la primera generación, mientras una nena yace satisfecha en el sofá de la sala.

que quiera tener en algún momento de su vida un BMW o un Mercedes (nunca un Veloster),
¿BMW o Mercedes? ¿en serio? dato curioso: en Alemania la mayoría de taxis son Mercedes Benz. Pero más al punto, ¿en qué momento nos convertimos en gente de tan poca ambición? Un BMW o un Mercedes es lo que un hombre debería tener. Ya. En el garaje. Con el tanque lleno. Un hombre debería querer tener un Aston Martin, un Alfa Romeo, un Maserati o un Tesla, al menos. Qué importa la marca si al fin al cabo es el papá el que escribe el cheque, ¿no?

que prefiera la punta de anca al lomo y la pida término medio (o azul, nunca 3/4).
Para los aún no iniciados en temas carnívoros, el término de cocción de la carne sigue siendo un debate candente entre el pueblo. Thomas Keller (todos los hombres deberían saber quién es Thomas Keller) opina que la labor de los chefs es preparar la carne como el cliente la quiera y que hay que dejar de joder. Así que tenemos eso. A mí en particular me gusta el término medio y no me gusta el término azul porque me gusta la bacanidad sabrosita de la costrica tostada. En mi experiencia solo las nenas prefieren el tartare. Pero mi experiencia se limita a las nenas que prefieren los hombres espectaculares.

El whisky debe pedirlo con un solo hielo.
Los hombres de verdad no pierden tiempo en guevonadas como contar hielo. Los hombres de verdad piden el whisky solo. Neat.

Es deseable que no sepa bailar
Aquí me perdió. Yo crecí brillando hebilla al ritmo de Juan Luis Guerra, tirando pase con el Joe y limpiando baldosa con la terapia y la champeta. ¿Qué más hace uno en una fiesta? ¿Conversar? Dejemos de joder.

y haya entendido y se haya reído con esta escena de Mad Men (sí, tiene que haberse visto Mad Men y amarla y respetarla, más que a Breaking Bad).
Esto es esencial. Tarde o temprano uno termina siendo Roger Sterling. Es importante entender cuales son los peligros que esperan en el futuro. Totalmente de acuerdo.

Nada debe parecerle obvio y no debe sufrir con la frustración (se garantizan grandes dosis de frustración).
Uno podría pensar que todos estos “requisitos” deberían parecer obvios al hombre moderno. Lo que nos deja en una contradicción inaceptable. Los hombres de verdad no deben aceptar contradicciones.

No debe usar usar medias blancas ni lavarse los dientes en el baño de la oficina.
Yo me lavo los dientes con la saliva de la nena con la que almuerzo. Estos problemas se me antojan foráneos.

Deben gustarle las mujeres como Kate Middleton y Anne Hathaway y leer medios de comunicación en inglés (y que al menos pueda llamar a Estados Unidos a pedir una foto sin ningún temor).
Bueno. Pero esto es el 2013, nadie le dice a estas cosas “medios de comunicación”. Con decir Internet basta.

Preferimos gente que use dispositivos Apple, que odie el PC y que mire con desconfianza el Android.
Yo prefiero a la gente que no dice “dispositivos”. Suena todo muy wannabe.

Debe tener sentido del humor, es decir, debe haber odiado en su infancia al Chavo del 8 y reírse con cualquier película de Woody Allen.
Yo sospecharía profundamente de alguien que no aprecie la desesperación callada de Don Ramón. Pero hablemos de Woody Allen. Pasemos por alto eso de que no todas las películas de Allen provoquen así la risa contagiosa, aunque todas tienen su chiste (¿no es, después de todo, la vida una comedia?). Lo desconcertante de este requisito es Woody Allen. ¿Ha visto a Woody Allen? el man no es propiamente el macho alfa, el man es, si uno lo piensa bien, la antítesis de esta colección de requisitos. De pronto este requisito era su intento en hacerse pasar como el “hombre sensible” y ganar puntos con las damas, pero la verdad es que no engañas a nadie. Como asunto al margen, quizás una selección de cineastas más adecuada para el tema que nos concierne sean Tarantino, Miike, Fincher, el mismo Greengrass.

Por último, Rayuela no puede ser su libro favorito (ni ninguno de Murakami), debe recordar la primera escena de Frank Sinatra está resfriado, de Cochise a vuelo de tequila y el final de El duque en sus dominios.
Acá tenemos un problema porque Murakami es uno de mis escritores favoritos y entiendo que Rayuela es un libro respetado por gente que conoce de literatura. Aunque reconozco el sentimiento pesado de que haya tantas viejas queriendo ser La Maga. Eso cansa. Pero esto: puede llamarme un romántico empedernido pero yo concibo el mundo como la posibilidad constante de culos y tetas, y como un deber moral, mi deber moral, la capitalización de esa posibilidad. La literatura universal, esa que habla de la condición humana y tal, es el marco teórico que ambienta todo el asunto, que te da las herramientas estratégicas, aunque no tácticas, en esa búsqueda. Así que no, Cortázar no es requisito para nadie, pero sepa lo que deja sobre la mesa: la posibilidad de tantas Magas deseando ser encontradas.

Reblujo nov 12, 2013

De Happier at home, un pequeño asunto de auto-ayuda que leo por estos días:

Professional organizers estimate that the average American spends almost an hour a day searching for things, and for the average home, according to the Soap and Detergent Association (in a seemingly unself-serving conclusion), clearing clutter would eliminate 40 percent of housework.

Una traducción libre:

Organizadores profesionales estiman que el estadounidense promedio gasta casi una hora al día buscando cosas, y para el hogar promedio, según la Asociación de Jabones y Detergentes (en una conclusión aparentemente en contra del propio beneficio), limpiar el desorden eliminaría el 40 por ciento de las tareas domésticas.

Algunas conclusiones:

  1. La ocupación de “Organizador Profesional” existe
  2. Hay una Asociación de Jabones y Detergentes, aunque ahora lleva un nombre tal vez menos pomposo para mi gusto: American Cleaning Institute. Instituto Americano de Limpieza, y tal.
  3. La estadística revela que es una hora al día buscando cosas, sin embargo se queda corta al aclarar la naturaleza de dichas cosas tan esquivas.
  4. Los eventos tendrían un matiz algo romántico si se descubre que lo esquivo y tanto buscado es el objeto del deseo.
  5. El punto general del texto y al que no le hago justicia es que el reblujo no ayuda con la causa de ser “feliz”. La definición de reblujo es, por supuesto, aquello que uno acumula y que uno no necesita. Pero no solo eso, hay una característica más sutil. Es también aquello que uno acumula y que no viene acompañado de una emoción, de una memoria.

Promesas nov 10, 2013

Hubo un tiempo, hace muchos años, en que creía que una manera de balancear el karma era negociando con el universo. Haciendo promesas en la línea estricta de la causa y el efecto, en nombre de tal resultado hago este sacrificio y así. Pero esto fue hace muchos años y mi perspectiva de lo que era el sacrificio era no solo limitada y absurda, era también un razonamiento circular. Era, por decir lo menos, la simple negación de un exceso de por sí innecesario. Si a mi papá no vienen a cobrarle esta semana, no tomo coca cola durante dos. Si me va bien en el examen, no me masturbo por una semana. Si mi mamá me presta la moto, la usaré para echarle los perros a Dora Luz, pero solo a ella. Como digo, absurdo. Nunca llegué a practicar el deporte de la promesa extrema. Mi mamá a cambio de alguna vaina prometía caminar los cuarenta kilómetros hasta llevar una ofrenda al santo patrono de su pueblo. Una vecina a cambio de la pronta resolución de un dilema financiero prometió no cortarle el pelo a una de sus hijas por los siguientes diez años. Un vecino hizo lo propio con las uñas de uno de sus hijos. Todo por el gusto. Todo con una intención soñadora y vana de encontrar menos indiferencia en el mundo, de promover una conspiración a favor o por lo menos de que haya una menos en contra. Y todavía, a estas horas, seguimos insistiendo.

Suburbia oct 22, 2013

La historia es ésta. El vecino de acá de al lado distrae sus horas de retiro en el garaje construyendo cosas. El otro día lo vimos armando un camarote para sus nietos mayores. También una silla, para que una de sus hijas se sentara a amamantar al primógenito que francamente nadie pensaba que ella fuera de esas mujeres que quieren ser mamá pero vea como la vida lo va sorprendiendo a uno. En otra ocasión lo vimos construir un escritorio enorme de esos que ya no se ven y que ya no caben en ninguna parte y que aún si cupieran no dejan de ser un problema cuando uno decide mudarse porque el alquiler está muy caro y entonces necesitas de todos tus amigos que ya de por sí no tienes muchos y te encuentras con que ninguno está disponible por las ocupaciones que nunca faltan, los hijos y el trabajo y el ocasional viaje a conocer las ruinas griegas, y al final te toca contratar a una compañía de mudanza que te cobra la cuota extra porque es que mire que es un escritorio muy pesado y muy inconveniente y que por eso es que estos escritorios así ya no se ven pero de todas maneras le hacemos esa mudanza que esto es América, la tierra de los que pueden.

En ocasión la esposa del vecino se aparece en el garaje con té helado en los días de calor, o un chocolate caliente en el invierno a ver si de pronto el frío éste del valle no le hace tanto daño con esa mala costumbre de hacerlo todo con la puerta abierta. Luego ella desaparecía no sabemos a qué. Hasta que la volvíamos a ver, en la tardecita ya, sentada en una mecedora en la acera leyendo novelas de misterio. “El romance no es lo mío” comentó una vez en lo que pareció una disculpa. Y todo este tiempo ninguno de nosotros sospechaba que mientras toda esta rutina inofensiva estaba en pleno apogeo, la señora se estaba muriendo a toda prisa de un cáncer en quién sabe dónde. Nadie lo sospechó. Incrédulos estuvimos incluso cuando llegamos de trabajar y vimos la caravana de carros ocupando todos los parqueaderos de la calle, raro para ser un jueves que éste desorden tan de tercermundo solo se ve el sábado cuando se juega el campeonato infantil femenino de fútbol en el parque del barrio y llega la colección de padres suburbanos con sus sillas de playa y sus termos enormes de limonada y sus ansias de validación a destruirnos la paz. Incrédulos estuvimos, incluso después de que Slava preguntó con su vozarrón uzbeko que por qué tanta gente que si quién se murió y nadie le respondió en voz alta aunque el silencio y la mirada baja y la indignación y los ojos cansados de llorar eran claros sustitutos.

La cosa es que uno se muere y deja de hacer las cosas que uno hacía, y querer a la gente que uno quería, y llevarle té helado a la gente con la que uno vivía. Y todo duele por un rato y después la gente se acostumbra al dolor porque la vida continúa qué le vamos a hacer, resignación, fuerza y fortaleza. Y luego todo es como si nada.

En California nadie sabe que nos estamos volviendo viejos sep 28, 2013

Cercana la fecha, mis padres le preguntaron a mi hermana si en ocasión de su cumpleaños número quince quería la tradicional fiesta con el vestido pomposo, el vals, el asado, la formalidad o si quería alguna otra cosa. Mi hermana respondió que quería alguna otra cosa. Un viaje a San Andrés. Una moto. Un divorcio para ellos.

Mis padres se decidieron por la fiesta. Con el vestido pomposo cosido y bordado por una comitiva de amigas de la niñez de mi madre, con el vals que mal bailó mi padre como parejo, con el lechón asado abundante y grasoso. Sin el divorcio.

La única condición que puso mi hermana, bajo amenaza de simplemente no asistir a su propia fiesta, era que la dejaran absoluto control, de elección y veto, sobre la lista de invitados. Mi mamá, bajo amenaza de resolver todo el asunto a punta de correazos, concedió la elección de invitados pero le dijo no al veto, que al fin y al cabo la única que tiene derecho a decir quién entra y quién no entra en esta casa soy yo, que me levanto a las cuatro de la mañana para que ustedes tengan ropa limpia y comida en la mesa y vivan en un lugar ordenado y decente.

Lo que recuerdo de ese día es que los invitados llegaron tarde, muy tarde. Por lo menos un par de horas más de lo acordado, y cada uno en la casa lo aguantó a su manera. Mi papá oyendo los mismos boleros que dejaron de gustarle a la gente hace 20 años. Mi mamá sacudiendo lo muchas veces sacudido preguntándose lo que había hecho para merecer tal suerte. Mi hermano amenazando la lechona. Yo practicando los pasos del vals como líder de la corte. Y mi hermana en el teléfono llamándolos a todos, tratando de entender si era cuestión de olvido o cuestión de broma.

Fue apenas broma, por supuesto. Todos se habían puesto de acuerdo para burlarse del carácter ansioso y preocupado de la familia, y compensaron el mal rato parrandeando y haciéndonos parrandear hasta el mediodía siguiente.

No sé a dónde iba. Me acabo de perder en ésta memoria. Entre todo lo blanco y todo lo negro uno empieza a ver señales, pequeñas premoniciones, pequeñas moralejas. Supongo yo. Ver, por ejemplo, que eso es California para mí, curiosamente, una larga y malvivida espera para entender si lo que hay es olvido o apenas un malentendido de parte de dios. Sin nadie a quién llamar. O de pronto no, de pronto es otra cosa, de pronto es la vergüenza tardía por haber bailado una única vez un vals y no poder hacer nada para cambiarlo.

Fantasmas abr 10, 2013

Camino al trabajo escuché un episodio de Radiolab de hace varios años (!), titulado Where am I sobre lo que pasa cuando el cerebro y el cuerpo se desconectan con o sin razón. Dicen ellos (y Los Científicos) que esa vaina que uno llama miedo es la vaina que le sigue, la interpretación de algo, de una reacción fisiológica. Uno primero se asusta y después se da cuenta que se asustó. Y a veces la interpretación se queda aunque la fisiología haya dejado de existir.

Lo que es sorprendente.

Lo que es preocupante.

En las épocas con mi terapista ella insistía que hiciera el esfuerzo en reconocer la reacción del cuerpo ante una situación. Sentías una corriente helada en la espalda. Sentías dolor en el pecho. Sentías mariposas en el estomago. Ese camino de lo abstracto a lo físico es para mí una cosa imposible de recorrer. Toma algo de práctica, supongo, tal vez ni eso, tal vez haya que volver a nacer.

El punto es que hoy estábamos hablando de nerds y alguien comentó que fulanito el del otro extremo de la oficina es un nerd que no es nerd. Que aunque ha decorado su cubículo con afiches de Star Wars y muñecos de cuanta vaina ha llegado del Japón, en realidad lo hace no por una convicción que viene desde adentro sino en busca de una confirmación que llegue desde afuera. Las razones que motiven tal cosa permanecen de momento poco claras.

Seré yo un nerd que no es nerd. O un nerd a secas. Después de todo no me he familiarizado lo suficiente con la ciencia ficción de la comunidad, ya no leo cómics, ya no juego frente a una pantalla (me retiré del tema con el Super Nintendo), no conozco muy bien a Tolkien, o a Star Wars, de hecho esas películas las vi ya cuando era estudiante en Medellín y no causaron mayor impresión y ya francamente ni me acuerdo de qué iban. Cuando me gradué, el asesor de mi tesis me regaló un vasito conmemorativo en el que habían grabado una pequeña frase: “Live long and prosper” que me ha tomado un tiempo muy largo y vergonzoso en atar a la serie Star Trek. El punto es que no soy un nerd. Pero todo lo que va por dentro y que sale cada vez menos indicia lo contrario, que si lo soy. Y entonces mi condición de nerd debe ser como esos brazos fantasmas que suelen mencionar los amputados, que están cuando no están.

Despertadores abr 08, 2013

Cuando estaba en el pueblo era mi papá tomándose el primer café caminando por el patio hablando solo y a veces con “la mencha”, una chiva que compramos con la intención de hacer un asado decembrino y que una vez llegada a la casa mostró una familiaridad pasmosa con las peculiaridades de la familia que cuando llegó el momento festivo definitivo nadie tuvo alma para la ejecución y entonces se quedó viviendo como mascota entre nosotros hasta que se murió de vieja varios años después.

También era mi mamá que entraba al cuarto en la madrugada a apagarme el radio que yo sintonizaba en las noches en la radio nacional o cielo despejado mediante en radio nederland porque en ese tiempo le tenía un pánico enorme a la soledad o a despertarme y no encontrar a nadie, un pánico que se intercambiaba con ansiedad sin aviso de ninguna clase y que yo lograba (apenas) mantener a raya teniendo a la mano alguna voz constante. Mi mamá esclava de los pragmatismos señalaba todo ese tema como un simple innecesario desperdicio de energía eléctrica. Que, usté sabe, no la regalan.

Luego fueron esos despertadores baratos que uno compra en la calle y que tienen un tono súper alto y que suenan con una urgencia francamente fuera de lugar, no con compasión de alguien que tiene que salir porque no tiene alternativa sino con la crueldad del que se burla por el mal ajeno ignorando karmas y otras posibilidades de revancha. El mercado de despertadores afónicos, roncos, tenores es al parecer inexistente. El mercado de despertadores que entren en sincronía emocional con el despertado es una utopía que algunos quisimos ver como realidad.

En otro tiempo era la mamá de El Heredero madrugando a planchar la ropa del diario y que nunca encontró el método para despertarme sin pegarme tremendo susto. Teorizando alguna vez concluímos que se debía a su similitud física con los personajes de las películas de terror que vinieron con fuerza de Japón y Corea. También una vez en el consultorio de un terapista tratando de salvar lo inevitable teorizamos con la presencia de una metáfora que nunca cristalizó.

Ahora es una manillita multifuncional que durante el día cuenta cuántos pasos doy y lleva la cuenta de cuántas calorías voy quemando y qué cara estoy haciendo mientras las quemo y que por la noche se ajusta a un nuevo modo no tan activo y que uno no cuadra con la hora destinada a levantarse sino más bien con un rango de posibilidades, un intervalo de lo posible, y la manillita por obra y gracia de algunos seres invisibles dentro de ella logra determinar el momento óptimo para traerme de esa realidad de mis sueños que me gusta tanto a esta otra en donde es mi destino vivir.

Lo cotidiano no es parábola mar 30, 2013

I’m too busy to see you
You’re too busy to wait
But I’m okay, how are you?
Thanks for asking, thanks for asking
But I’m okay, how are you?
I hope you’re okay too
Palo Alto, Radiohead

1.
Los oficinistas vivían en desdicha, irascibles, se reunían a horas impredecibles en lugares predecibles a quejarse del orden mundial, monólogos repetitivos en el contenido y en el tedio sobre lo mal que anda todo, que nadie hace nada por arreglarlo, que de todas maneras ya es demasiado tarde para intentarlo. Cuando los acompañé, siempre escuché, nunca lancé uno de los monólogos míos. Cuando fue el momento de dejarlos y cambiar de trabajo le pregunté a uno de los asiduos de ese descontento, por qué seguían allí. Este es, después de todo, un período próspero, lo es por lo menos para ésta clase de oficinistas del servicio y acarreo de bytes, y el conseguir una nueva aventura no se antoja utópico. No eran quejas, me dijo, estaban siendo honestos a su verdad, su doctrina es la infelicidad, en ella son completos, y no se van porque aquí se tienen los unos a los otros.

2.
La vecina golpeó a la puerta. En la mano tenía una pequeña pieza evidentemente separada con violencia de un carro. De su carro, me aclaró. Ha visto algo anormal, algún delincuente deambular en el barrio. Es lo que ha querido saber. Le dije no. Pero he visto la verdad. Estaba acá en la cocina, envuelto en la fabricación de una sopa de calabaza, cuando he oído algo retumbar, como un ruido de tambores afónicos, discúlpeme mis intentos por metáforas rebuscadas, es un defecto que traigo del pasado que es de dónde vengo, ¿usted también? qué curioso que vengamos de la misma parte y seamos tan diferentes, el retumbar fue el viento, no sé cómo explicarlo, un mini tornado en formación, fue una cosa maravillosa, levantó por los aires la mesa que tiene en el jardín, la rampa que usan los jóvenes para hacer maromas en sus patinetas, y toda la demás basura que usted mantiene frente a su casa y que ninguno de nosotros en la cuadra ve con buenos ojos. Es algo que los vecinos hemos discutido ampliamente. Fue la rampa la que una vez sin el soporte del viento ha caído en violenta libertad sobre su carro estacionado, ocasionándole heridas. No la culpo si decide no creerme.

3.
No es fácil crear un movimiento culinario. La mayoría, al escuchar la propuesta, se muestra entusiasmada, se deshace en elogios, llega (tal vez) al extremo de expresar interés en participar. Participación sujeta, cómo no, a encontrar el tiempo. No es fácil crear un movimiento culinario si antes hay que encontrar el tiempo. El colectivo de La Cocina Irónica compensa los pocos números y el escepticismo general por estas cosas con una inusitada pasión por la expresión libre de la emoción en medio comestible. Se reúnen cada semana en una sede que se rota entre las residencias de los miembros. No se discute de arte, asuntos actuales, anécdotas que no tengan conexión directa con la esencia del movimiento, no se hace “charla casual” (de hecho, hacerlo conduce a la expulsión unilateral), solo se cocina. Me invitaron hace un par de meses y la semana pasada fui a mi primera sesión de prueba. Sirvieron bisque de bocachico, langosta sobre una cama de arroz con huevo, coq au vin presentado con guantes de plástico para que los comensales comieran con las manos, foie gras relleno con quinoa y un colombiano presentó una interpretación de la bandeja paisa con frijoles fava importados de Egipto, tofu, quinoa y chicharrón, por supuesto. La próxima reunión es en mi casa y ya sé lo que haré.

Proporción mar 12, 2013

Estábamos hablando del problema que presupone una crisis ontológica de la edad adulta para un adulto que no confía en la existencia de alguna cosa después de la vida y alguien trajo a colación la idea de Foster Wallace de que no existe en realidad tal cosa, siendo la cosa en cuestión lo de no creer en nada, siendo la nada la ausencia de todo, y yo que pensaba que lo que dfw quería decir era otra cosa y no un ataque directo a, por lo menos, la idea de ser ateo sonreí un poco pero hice mucha fuerza para que la conversación avanzara hacia otro lado que no fuera ese.

Chris Hadfield, el astronauta canadiense que por estos días vive en la estación espacial, y que entretiene a todos con fotos espectaculares en tuiter hizo una sesión de Pregúnteme lo que sea en Reddit y alguien le preguntó la pregunta obligada en este tipo de situaciones sobre cómo hace uno un simple mortal para llegar a ser tan exitoso y espectacular. Nadie le hace este tipo de preguntas a, digamos, un indigente, lo que no deja de ser algo pretensioso si uno acepta que en el universo de las probabilidades, está uno más cerca de eso que de irse al espacio a tomar fotos.

Y entonces alguien no el mismo que recordó lo de Foster Wallace hizo la conexión entre las dos cosas haciendo la pregunta hecha al astronauta a sabiendas de que todos éramos adultos con prejuicio ateo en encrucijada ontológica, apropiados autores en potencia para un hipotético Manual para fracasar con estilo. El punto es que no puede uno responder la pregunta (¿Cómo ser humano?) sin darle la oportunidad al melodrama que es lo que he hecho yo a dos tiempos. Yo supongo, es lo que he dicho, que la vida es impredecible y lo único realmente útil para navegarla son la disciplina y la facilidad para la adaptación. Otras cosas que quise decir y no dije: el futuro es una banda de moebius, el destino es un unicornio que te sirve en bandeja donuts envueltas en tocino, la fe es la chica bon vivant que conociste antes de que todos la conocieran.

Entonces dije lo mismo otra vez, con dos historias. Y esta vez fui honesto. Un director técnico golpeado fuertemente por el mal rendimiento del equipo último en la tabla y una hinchada en armas y una prensa en modo imperdonable hizo una pausa para sorpresa de todos y se internó en un hospital de esos de reposo en donde durmió tres días seguidos de una forma profunda y desentendida que la cosa llegó a parecer un coma auto impuesto. Al despertar el equipo seguía en el último lugar. En 1984 un astronauta estadounidense en el espacio estelar con una mochilita a la espalda hizo lo que hasta ese momento no había hecho ningún ser humano. Caminar en el espacio sin atadura alguna. La mochilita era en realidad un dispositivo de transporte pero uno tiene que imaginarse las centésimas de segundo previas a soltarse por fin, qué tal si esta vaina no sirve, qué tal si no hay regreso. Uno puede bailar un poco con las palabras pero difícilmente pueda uno no decir que lo que sintió el man fue otra cosa que un miedo ni el hijueputa.

La cosa es que a veces uno tiene la cabeza vuelta un aguacero y lo único sensato es irse a dormir. La cosa es que a veces uno tiene que ponerse una mochilita simpática y, digamos, dejarse ir. La otra cosa es que a veces puede uno ponerse en plan cursi y, digamos, escribir en un blog un asunto llamado “Proporción.”

Decide in your heart of hearts what really excites and challenges you, and start moving your life in that direction. Every decision you make, from what you eat to what you do with your time tonight, turns you into who you are tomorrow, and the day after that. Look at who you want to be, and start sculpting yourself into that person. You may not get exactly where you thought you’d be, but you will be doing things that suit you in a profession you believe in. Don’t let life randomly kick you into the adult you don’t want to become. — Chris Hadfield

Zadie & Ira & David feb 23, 2013

Estaba aquí haciendo tiempo. No tengo tema. Estoy haciendo tiempo.

En realidad estoy evadiendo responder un correo, pero me gusta la idea de decir que estoy haciendo tiempo, como si el tiempo se pudiera hacer. Lo otro que estoy haciendo es encontrando un tema, que de momento no tengo. Este es uno de mis demonios, perder el tema, no saberlo encontrar.

La otra noche fui a ver a Ira Glass, un mancito que hace un programa de radio que vengo oyendo desde hace muchos años ya, y que vino a Berkeley a conversar de cosas varias. Fui solo, porque en general me gusta ir a estas cosas solo. No siempre fue así. Antes, cuando vivía en Colombia, de encontrarme solo me quedaba en la casa. Antes, cuando evitaba el uso frecuente de frases eufemísticas lamentaba simplemente no tener a nadie con quien ir a donde va uno con alguien que quiera ir a esas partes a las que uno también quiere ir. Si era cuestión de ir a cine, evitaba los viernes en la noche, o los sábados, o el fin de semana en general, que eran los días de preferencia por las parejas (entre otros). Pocas cosas tan inconvenientes como estar parado en la fila mientras te flanquean sendos amantes discutiendo qué tanto se quieren o lo insoportable que es la felicidad a veces. Antes no había teléfonos mágicos conectados a internet para disimular la vaina. Antes no había como ahora la oportunidad de comprar la entrada via cibernética y evitarse ese momento frente al vendedor de los tiquetes, las tripas propias en breve confusión, me vende una para “Los Expedientes X”. ¿una?. una.

Zadie Smith escribe sobre La Felicidad y La Alegría y cuenta las diferencias. Me gusta esta parte, por alguna razón.

“My other source of daily pleasure is—but I wish I had a better way of putting it—”other people’s faces.” A red-headed girl, with a marvelous large nose she probably hates, and green eyes and that sun-shy complexion composed more of freckles than skin. Or a heavyset grown man, smoking a cigarette in the rain, with a soggy mustache, above which, a surprise—the keen eyes, snub nose, and cherub mouth of his own eight-year-old self. Upon leaving the library at the end of the day I will walk a little more quickly to the apartment to tell my husband about an angular, cat-eyed teenager, in skinny jeans and stacked-heel boots, a perfectly ordinary gray sweatshirt, last night’s makeup, and a silky Pocahontas wig slightly askew over his own Afro. He was sashaying down the street, plaits flying, using the whole of Broadway as his personal catwalk. “Miss Thang, but off duty.” I add this for clarity, but my husband nods a little impatiently; there was no need for the addition. My husband is also a professional gawker” [Joy, Zadie Smith]

Comer era otra cosa. Entrar a un restaurante en solitario era una cosa nunca vista. Uno parado frente al maître d, a su vez debatiéndose entre el pesar y la prudencia, a su vez imaginando la complicación logística de sentar a uno sola persona sola en un universo diseñado para los acompañados; uno haciendo lo posible por ofrecer una imagen distinta, tal vez del empresario (bueno, del hijo del empresario) que hace tiempo mientras los demás se desocupan. ¿Yo solo? Es temporal. Es que de hecho me están esperando. Seguramente, en alguna parte.

Uno solo era en permanente evasión. La ausencia de la gente lo hacía todo a la vez más complicado y más inútil. Tal vez no inútil, tal vez más sinsentido. Cuál es el punto de ir a ver Los Expedientes X y no poder lamentar en compañía la absurda decisión de los productores de involucrar emocionalrománticamente a Mulder y a Scully.

El punto es que fui a ver a Ira Glass en Berkeley. Solo. A mi izquierda una pareja de viejos que se pasaron los diez minutos previos al evento rascándose alternadamente las respectivas espaldas (otra de las desventajas de andar por ahí en solitario) y a mi derecha ese santo grial del establecimiento socioafectivo moderno: un par de parejas en cita doble queriéndose por duplicado el doble que todos los demás.

Entonces Ira no decepcionó. Llegada la hora, finalizadas las presentaciones del caso y demás actos de protocolo. Las luces se apagaron. Y Ira empezó a hablar. Según dijo, él era, después de todo, un hombre de la radio. Contó un par de chistes, nos reímos. Contó una historia, y escuchamos. Y nos fuimos olvidando lentamente del escenario absurdo, cientos de personas oyendo a un man, sin poder ver a nadie. A uno se le olvidan estas cosas, es lo que quiero decir.

En los momentos más graves del año pasado le preguntaba de estas cosas a mi terapista. Es una pregunta increíblemente adolescente. Qué le vamos a hacer. Por qué fue todo así. Por qué no de otro modo. Es como el chiste del man que va en contravía por la autopista y llama a la policía a reportar que hay un montón de locos manejando en la dirección contraria. En algún momento uno se pregunta qué era lo lamentable que uno tuvo y que lo hizo forastero en todas partes.

Es obvio que Zadie y Ira y David y yo hubiéramos sido los mejores amigos de haber coincidido en, digamos, el espacio tiempo. ¿Por qué no lo fuimos? ¿En dónde reporta uno estas obviedades?

Se suponía que esto iba a ser algo más gracioso y sospecho que ha salido un emodesastre. Digo sospecho, porque no pienso volver arriba a leer. Le deseo suerte a los párrafos y le pido perdón a usté que siempre me sorprende leyendo hasta el final.

Bocachico ene 15, 2013

Mi papá asustó a todos en la casa con la queja de un dolor persistente en el costado izquierdo y la cosa pareció tan real que nadie tuvo tiempo de acordarse de las sospechas hipocondríacas de siempre. Incluso mi mamá, que considera que todo mal por grave que sea se cura con cantaleta, hizo una pausa en sus costumbres y le puso consternación al rostro. A urgencias fueron a parar y allí para alivio de todos el médico declaró con grado alto de certeza que el dolor era poco más que un viento encajado en una costilla de fácil resolución tomándose una coca cola de un solo golpe y luego esperar el eructo (o algo, las instrucciones se tornan difusas en este punto).

La serie de exámenes, sin embargo y para renovada consternación general, reveló un problema de presión alta, atribuible básicamente a que los años no vienen solos y esta es una de las cosas que traen, y ahora el viejo tiene que tomarse una pastilla diaria para ese asunto, que se la toma con juicio y sin protestar mucho, y sin antes contar uno de esos chistes terribles que dejaron de ser graciosos cuando nosotros los hijos pasamos la barrera de los seis años. Ejemplo 1: “una señora llega a la casa cansada, el marido le pregunta qué pasa y ella responde es que la medicina dice agítese antes de usar y entonces me fui a darle la vuelta a la manzana.” Espere que hay más. Ejemplo 2: “llega Juanito donde la mamá, mami mami en el colegio me dicen bocón. La mamá le dice, mijo no le hagas caso a esos envidiosos, ahora ve y trae la pala que te voy a dar el remedio”. ¿Ve lo que le digo?

Y el asunto hubiera concluido ahí si no es porque un par de semanas después el paciente anunció un nuevo síntoma, atribuible, cómo no, a estas pastillas que son la manifestación de un embolate que habráse visto porque una cosa si te digo estas vainas “en mi tiempo no se veían” (hemos de asumir que “éste” no es el tiempo del paciente a pesar de que la evidencia en contra de tal teoría es sencillamente aplastante). ¿El síntoma? unas ganas irracionales de comer pescado.

Si usté hubiera estado monitoreando la evolución de la socioeconomía del pueblo (y francamente no veo por qué no) se habría enterado que el año pasado, a principios, la cadena de supermercados Olímpica abrió allí una de sus sucursales (y la única en su clase) para delicia, sorpresa y angustia de todos los habitantes. El hecho no ocurrió sin controversia, por supuesto. Los comerciantes locales ya de por sí llevados de la jodidez percibieron todo el asunto como una amenaza a su bien vivir. Y lo de bien es en realidad un decir. Una propuesta que circuló ampliamente, y sobre la que hasta ahora ninguna autoridad competente se manifestó, pretendía limitar por ley lo que para muchos era una ventaja estratégica brutal e injusta: los horarios de atención. Con unos horarios más amplios y razonables la cadena empezó a robarle los clientes al comercio local, hasta ahí acostumbrados a abrir las puertas di tú a las cuatro de la mañana y a cerrar di tú después de almuerzo. Ese orden establecido ahora tan quebrantado estuvo muy bien para esta gente del común y del corriente acostumbrados a vivir sin afanes y sin las urgencias de, digamos, algún síntoma de carácter irracional que no respeta horarios o razones de ninguna clase. Gloria a dios por el capitalismo, si me preguntan a mí.

No venden bocachico en ese mercado. Es lo que me ha dicho. Es más, continuó, lo único que venden es un pescado ahí traído dizque del Vietnam (en efecto) y uno qué va a hacer con eso. Ni coroncoro venden, continuó en la indignación. Lo que no deja de sorprender; éste es, después de todo, el mismo hombre que no come huevo si detecta que la cáscara contiene algún residual minúsculo o de cualquier tamaño en realidad fecal de la gallina, y que ciertamente no es ajeno al patrón alimenticio del coroncoro, básicamente el pez local con el estándar más flexible para lo qué llevarse a la boca. Pero aquí estamos, preguntándonos si hay coroncoro en Vietnam, si valió la pena todo este capitalismo concedido y tanta indignidad entregada. De qué le sirve a uno que haya lo que uno no quiere que haya, me dijo. Y yo no supe qué decirle. De nada, supongo.

Richard Semon en el final del mundo ene 07, 2013

Richard Semon fue un sicólogo, zoologo, médico, alemán que a principios del siglo 20 publicó un par de libros sobre la vaina de la memoria. En uno de ellos, Die Mneme defendió la tesis de que los mecanismos de la memoria siguen la línea de los mecanismos de la herencia. Su teoría, básicamente, era que toda experiencia deja una huella en el cerebro (el ngram), y en el acto de recordar era suficiente con parte de esa huella para tener acceso a la memoria completa.

Poéticamente, su teoría deja por fuera el concepto de olvidar. Todo deja una huella. Lo que no quiere decir que todo pueda ser recordado. Las memorias necesitando eso que usté llamaría su media naranja para manifestarse. Esto es, dicho sea de paso, importante en el contexto histórico. En ese tiempo, el debate entre si la memoria era un asunto físico o un asunto síquico, era de alto nivel. No todos pueden ser como usté, que va por la vida creyéndose 20% protoplasma.

Semon reúne todo para ser mi héroe: un científico valiente de teorías incorrectas, ignorado por el bulto, y visiblemente atormentado por esa indiferencia. Y, cómo no, con una historia de amor a cuestas.

Esto es por Daniel Schacter en Searching For Memory: The Brain, The Mind, And The Past, que no me molestaré en traducir.

Semon was born in Berlin in 1859, the same year that Charles Darwin published Origin of Species. As a young man, Semon fell under the spell of this innovative approach to understanding evolution, and he went off to study at the University of Jena with the most famous German proponent of the new theory, the controversial biologist Ernst Haeckel. Semon received his Ph.D. and became a rising young professor at the University of Jena, a major European center for evolutionary research. Then, in 1897, he fell in love with the wife of an eminent colleague, Maria Krehl, who eventually left her husband to live with Semon. The two were vilified, Semon resigned his professorship, and the pair moved to Munich, where they were married. Semon, working on his own as private scholar, developed a theory of memory. In 1904, he published a monograph, Die Mneme, that attempted to unite the biological analysis of heredity with the psychological and physiological analysis of memory. Semon argued that heredity and reproduction could be thought of as memory that preserves the effects of experience across generations.

In 1909, Semon published a book [entitled] Die Mnemischen Empfindungen (Muemic Psychology), it was entirely about everyday memory, leaving aside the contentious issues of heredity in Die Mneme. Semon elaborated his theory of ecphory (retrieval processes) and applied it to a host of critical issues. Sadly for Semon, however, the new book aroused slight interest among researchers and had no detectable impact on the study of memory. Psychologists had little use for Semon’s iconoclastic views on retrieval processes; in fact, they misunderstood his ideas. In addition, Semon’s status as a scientific isolate, without prestigious institutional affiliations, did not enhance his cause. He was accorded the same kind of treatment given to flat-earth theorists, believers in perpetual-motion machines, and other cranks who exist at the fringes of science: he was ignored. In 1918, Semon’s wife died of cancer. Later that year, he placed a German flag on his wife’s bed and shot himself through the heart.

Lo de la bandera ha sido interpretado como una tristeza enorme por la derrota de su Alemania querida en la primera guerra. Un gesto muy extraño si me pregunta a mí.

Hasta la fecha no he podido encontrar mayor información sobre el colega cornudo abandonado en la Universidad de Jena. El amor tiene cualquier cantidad de efectos colaterales, y a nadie importan mucho.

El año en Highlights ene 05, 2013

Nunca subrayé libros hasta que los libros se volvieron electrónicos, y cuando los libros se volvieron electrónicos, empecé a prestar libros en papel en la biblioteca pública local, que me sale más barato, si acaso no tan conveniente. Recorrer estos subrayados es un poco como un cronoviaje mental, como ir a París a tomarse una foto y luego solo recordar la foto. O recordar París precisamente porque ves la foto. De pronto no. De pronto esto es una tontería. No son buenos tiempos, me perdono las tonterías.

Según kindle, estas fueron las cosas que subrayé y que todavía ahora me siguen gustando.

“I am vain, or once was, and one of my vanities was to feign that I was not.” -We need to talk about Kevin

“The lonely, like the fictive, love one-way watching. For lonely people are usually lonely not because of hideous deformity or odor or obnoxiousness—in fact there exist today support- and social groups for persons with precisely these attributes. Lonely people tend, rather, to be lonely because they decline to bear the psychic costs of being around other humans. They are allergic to people. People affect them too strongly.” -A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again

La cosa con Foster Wallace es que cuando escribe estas cosas me escribe describe directamente, de una forma en que yo no podría jamás, y que solo me dejan ganas de abrazarlo.

“all catharses were in vain for that man” -Portnoy’s complaint.

Leí a Roth este año. Creo que no me gusta. Es un escritor demasiado escritor. Su humanidad parece enteramente teórica.

“What could be more useful than having the means of convincing oneself that one exists whenever the question should arise?” -Properties of Light

“Lo que descubre uno con treinta y cinco años es que todo lo había descubierto ya con treinta.” -Ejército Enemigo

2012 fue el año en que cumplí treinta y cinco. Todos perdidos

“You get towards the end of life—no, not life itself, but of something else: the end of any likelihood of change in that life. You are allowed a long moment of pause, time enough to ask the question: what else have I done wrong?” -The sense of an ending

Fue quizás mi libro favorito del año.

“He had a sensation like he’d swallowed a hard cloud.” -Blind Willow, Sleeping Woman

Como me sentí todo el año.

“When everything is new, the pleasures are skin-deep. I found it mysteriously satisfying to say her name aloud, to recite the colors of her body. Hair and eyes and hands. The new snow of her breasts. Absolutely nothing seemed trite. I wanted to make lists and classifications. Simple, basic, true. Her voice was soft and knowing. Her eyes were sad. Her left hand trembled at times. She was a woman who’d had troubles in her life, a hauntingly bad marriage, perhaps, or the death of a dear friend. Her mouth was sensual. She let her head ease back when she listened. The brown of her hair was ordinary, with traces of gray, short strokes or flashes that seemed to come and go in varying light.” -The Angel Esmeralda

“He was able to dream the same dream again and again, with variations.” -Genius: The Life and Science of Richard Feynman

“Positive thoughts, I stressed, positive thoughts, motherfucker!” -The Brief Wondrous Life of Oscar Wao

Mi propósito para este año. Además de aprender francés, aprender a tocar el violonchelo y adelgazar. Y quererte menos, que cuando te quise más tampoco funcionó.

Manual de comportamiento, Volumen 2 ene 01, 2013

Hace unos meses le pedí a algunos de mis personajes favoritos seguirme la corriente en la fabricación de un manual de auto-ayuda para la juventud desenfrenada moderna y para los que dieran lo que fuera por volver a ella. El resultado es el Manual de comportamiento para gente formidable, volumen 2 y es una vaina espectacular.

Te lo dejo aquí, porque qué más.

Cómo decir adiós dic 09, 2012

Tal vez sea como dices, Mafe, y todos los males sean un mal de muchos. Hace mucho que no sé de Antonio, ¿será un lugar común decir que me alegra saber que está bien? da igual, supongo, él le pertenece al pasado y hace mucho tiempo que decidí dejar el pasado tranquilo. Nunca te conté el final de esa historia y para hacerlo podría escoger peores momentos que estos de ahora. Ese final empieza, por supuesto, con una mujer. Antonio siempre habló de ella con una fascinación de esas que no alcanzan consuelo, que es, si uno lo piensa bien, como algunas personas hablan del suicidio. O como hablan de irse a París a tomarse una foto, dirías tú. También para mí ella fue una confusión platónica. Era la época, qué le íbamos a hacer. Ella llegó al pueblo poco después de que te fuiste. Es bogotana, como tú, y llegó acá con 25 años (los mismos de ese amigo que mencionas, eso fue lo que me trajo el recuerdo). Era muy diferente a todos, y fue toda una revelación haberla tenido con nosotros. Sofisticada sin serlo. Inolvidable de esa forma en que lo es, digamos, una primera maldad. Le caía bien incluso a quienes les caía mal. Al hablar con ella, tenía ésta manera de hacerme sentir que en ese momento yo era lo más importante que estaba ocurriendo sobre la tierra. ¿Te ha pasado? cuando alguien te hace sentir que tienes toda su completa indivisible atención. En fin: genial. Hablé con ella por última vez hace unos cinco años, y ya no quedaba mucho de lo que antes fue, pero igual el recuerdo queda y quedó. (Tú dirías que tal vez fui yo el que cambió, tú tendrías la razón.)

Cuando te fuiste, me quedé sin amigos. Nunca tuve muchos, ya lo sabes. El año siguiente el colegio contrató un nuevo rector, un hombre culto y de buenas maneras, que impulsó muchos experimentos alrededor. Era del opus dei, si lo puedes creer. Uno de esos experimentos fuimos Antonio y yo. El experimento consistía en que él y yo pertenecíamos a ningún grado en particular; asistíamos a clases de matemática y ciencias grados superiores, teníamos un currículum especial para otras cosas como inglés y física y química que no alineaban del todo con el oficial. Él hacía unas cosas adicionales, yo hacía otras. Él hacía unas cosas con computadores, yo participaba en olimpiadas de matemática. Te puede parecer una admisión de arrogancia; pero no lo es, no lo era; en el fondo no era algo del otro mundo: en lugar de un salón de clases íbamos a otro. Apenas una pequeña distracción de formas en lo que era una normalidad espantosa y adolescente: él seguía siendo popular e infalible con las chicas, tal vez más que siempre, y yo seguía estoicamente atormentado por la batalla dermatológica de primer nivel que se jugaba en mi propio campo, y soñando todos los escenarios posibles en los que Dianita Olmos, de mis sueños, descubría por fin el fantástico tipo que yo sería en cuestión de tiempo y que aún no tanto.

Ella era profesora de biología y además nuestra tutora de química. Ella sabía muchas cosas. Del mundo, por ejemplo. Nos invitaba a almorzar en el club de empleados, y nos conseguía pases para entrar a la piscina. Hablábamos mucho de literatura y de filosofía y de ciencia. Ella fue quien me presentó a toda esa generación del quantum y ya sabes cómo me ha obsesionado todo ese cuento. Fue una amistad que nació de la nada y creció a toda prisa, sin ninguna razón aparente para lo uno o para lo otro. Si es como dices que la vida de uno es apenas una secuencia de equivocaciones y casualidades, el principio de la mía fueron esos días en su apartamento hablando de Borges y de De Broglie al ritmo de Madonna y Roxette. Fue en una de esas noches, en que ese mal de muchos que mencionas se convirtió en el mal de Antonio, y yo fui el observador desprevenido viendo los platos rotos sin querer limpiarlos.

En Antonio eran comunes esos estados de rareza atribuibles sin mucho pensar a algún desequilibrio hormonal adolescente. Déjame sólo que igual se me pasa pero no me dejes sólo que entonces no se me pasa nunca. Pensándolo ahora, creo que él quería hablar con alguien de esos tormentos pero no sabía por dónde empezar. Es como dices tú, uno se pasa la vida tratando de encontrarle el comienzo a las cosas. En el día éste del que te hablo, él y yo habíamos estado jugando tenis mientras ella, espectadora, leía, y luego, ella había estado nadando mientras él y yo hacíamos lo posible por no mirarle el culo en vestido de baño. Luego los tres volvimos al apartamento a recoger unos vídeos de Cosmos que ella me había grabado, y una cosa llevó a la otra. Era muy tarde. Tarde es un decir, te acuerdas lo sano que era el pueblo en ese tiempo que podíamos andar funcionando por ahí sin temores de ninguna clase. Ahora te roban, te violan, te matan, o las tres cosas al tiempo. Igual yo ya estaba pensando que era hora de irnos. Y es entonces cuando ella me dice, Óscar, me perdonarás pero tengo algo que hablar con él, podrías esperar afuera. Una pregunta sin interrogante al final, que lo era, apenas, en teoría. Seguramente yo lucía mi expresión de no entender nada porque me dijo otra vez, ahora con menor ambigüedad, que saliera. Entonces yo esperé afuera. No sé cuánto tiempo pasó, Mafe. Lo suficiente, dirías tú. Caminamos en silencio de regreso a casa. Yo aún por decidir si convertir el incidente en una ofensa personal o dejarlo pasar. Peores cosas se han perdido, me dije. Cada vez que Antonio quiso hablar se detuvo a tiempo. No dijo mucho, no dijo más. “Después hablamos.”

Esa noche dormí sin dormir. Tampoco lo hice en las que siguieron. Como en esas películas que haces tú, en esta parte de la historia podría uno incluir una canción de esas que sugieren al espectador lo que sentir, mientras en la imagen ocurren cosas, a toda prisa, inconexas, coherentes. Una de Paul Simon o una de Otis Redding. Antonio me habla poco, poco le habla a todos. Yo me refugio en mis clases de taekwondo. Quería pasar el examen de cinturón amarillo, ese mismo que había fallado ya dos veces al encontrar insuperable la rutina de quebrar tablas y baldosas. El tiempo pasa, la canción sigue. Hay una feria en Bogotá, no recuerdo cómo se llama, la feria internacional, creo. El hermano de ella trabajará en eso haciendo algo muy tremendo, qué sé yo, algo fantástico con pixeles. Yo no estaba presente, esto es, no fui testigo, de que ella le dice y pregunta, a él, que si quiere ir. Esto es, con ella. Será en las vacaciones de mitad de año, será divertido, será emocionante. Él dice no. ¿No?. No. ¿Por qué?. Algo sobre ir a escalar una montaña. Entonces ella me pregunta a mí. Yo digo: mi reino por ir a Bogotá. Me voy. Nos vamos. Monserrate, el museo del oro, el canon turístico capitalino, bla bla bla, Vamos a comosellama, Nemocón tal vez, en un tren, a Sogamoso después y vemos un puente en donde antes hubo una batalla imposible de ganar. Luego la feria, luego otras cosas. Luego la vida, dirías tú. Y luego él llama a esa casa y yo por una de esas coincidencias de las cosas contesto y hay uno de esos silencios incómodos al ambos darnos cuenta que ni él sabía que yo estaba allí y que ni yo sabía que había tomado su lugar. Y es la coincidencia lo que hace que la amistad se rompa. La canción sigue, abandona el segundo acto. El experimento continúa. Yo paso el examen de taekwondo, me meto a un asunto de estudio de cerámica indígena (no me acuerdo el nombre oficial) garantizándole otro lugar a mi mente. Luego ella me convence que estudiemos juntos la genética de Mendel y pasamos la mayor parte de un año en medio de las leyes de la herencia. Él se separa de nosotros dos. Todo sigue. Ella renuncia y se va a Medellín, algo sobre seguir un sueño. Más tiempo aún. Mi familia alarmada por mi desidia insiste en que haga un curso de preparación para los exámenes de admisión universitaria. Es en Medellín y ella ofrece su apartamento para mi estadía. Yo voy. Yo regreso. Él también va. Él también regresa. Mis problemas de perspectiva se hacen más grandes y los cambio por otros. La canción termina, porque la película tiene que terminar.

Para los dos, ese tiempo en Medellín fue como retomar donde habíamos dejado, sin mucho espacio para actualizarnos en cronologías. Y, sin embargo, también fue diferente. Ya no era infatuación. Quién sabe. Ya no tenía nombre. Seguía siendo algo platónico que aprieta fuerte, pero más relajado de las obligaciones de lo posible. Por primera vez la vi llorar. Por primera vez habló de ella, en primera persona, de las inseguridades y las virtudes y las promesas sin cumplir y todo eso. Por primera vez le conocí a un pretendiente, un profesor de matemática en una escuela cercana y dueño de una tienda de antigüedades, y que le trajo serenata tres veces en el mes que estuve ahí. Al terminar la serenata, cuando los músicos querían complacerla con alguna canción favorita, ella confesaba, conteniendo a toda costa la sonrisa, no tener ninguna Ella tampoco sabía qué hacer con la felicidad que estaba sintiendo. El día antes de regresar, mientras la esperaba para salir a nuestra comida de despedida, entré a su cuarto y fui directo al armario de la ropa interior, y con lo primero que agarré y el corazón en la mano, me masturbé con la furia de cinco años perdidos.

Te busqué en Bogotá. Daniel, que te recuerda mucho, me dio pistas sobre dónde podrías estar. Aunque yo sospeché que era inútil. Esa es una ciudad muy grande, y nosotros éramos muy pequeños, casi invisibles, para encontrarnos. Cuando nos graduamos, ella llamó a felicitarme. Muy bien, chino, que orgullosa me siento. Por la ocasión me regaló un libro y escribió a manera de dedicatoria una invitación a las armas: chino, no deje de sonreír. Y ese debió ser el final de la historia. Debió ser, digo, hasta que salí desesperadamente a buscarle otro. No sé por qué lo hice, Mafe, pero años después, cuando ya estaba acá en Medellín dando tumbos estudiando una cosa que no me quería estudiar a mí, decidí hacerle una visita sorpresa. Llegué a su casa, toqué tres veces y estaba a punto de darme por vencido cuando Antonio abrió la puerta. En ese instante pensé que todo termina como empieza: yo esperando afuera. Me invitaron a entrar, pero a mí me venció la alternativa. Sonreí y dije no, mejor no, que esto ya lo hemos vivido.

Diciembre, 2012

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Una nota y un favor: El texto de arriba lo escribí con la intención de incluirlo en el Manual de Comportamiento, un pequeño proyecto personal. Tal y como está el texto no me satisface. Sin embargo, tras releerlo y mucho pensar, no he podido dar con la razón de mi satisfacción. Entonces se me ocurre preguntar acá a los lectores que no sé si existen.

Si ha leído el texto sería tan amable de responder dos preguntas en los Comentarios: 1. qué le gustó (o qué funciona en el texto). 2. qué no le gustó (o qué no funciona en el texto).

No sería más, saludos por la casa.

¿Qué le gustó y qué no de este texto? [3]

Momofuku contra el pasado dic 05, 2012

En la tv estaban pasando una película sobre una mujer que decide encontrarse a sí misma o qué sé yo ejecutando en serie las recetas de un famoso libro de recetas de Julia Child. Se me ocurre, ahora que vuelvo a necesitar una distracción para una creciente ansiedad, que yo puedo hacer lo mismo. Julia Child no es una opción; la opción obvia es Momofuku). O algo parecido, una clase de cocina tan lejana a mí y a los lugares donde he crecido y vivido que no permita recuerdos de ninguna clase.

La idea era ir receta por receta hasta el final, documentando, como no, todas las incidencias. Lo que aprendí, lo que no, lo que se me ocurrió en el camino, lo que no. Y aquí es donde muere todo, con esa necesidad de documentarlo todo, de examinarlo todo. Nada es disfrutable si no lo difundes transmites compartes actualizas remezclas narras aforizas. Te vas de viaje, por ejemplo, y tomas fotos, las subes a tu red social favorita, las pegas en tu muro. Aquí estoy. Mírame, que aquí estoy. Ponme atención. Que aquí estoy. Las organiza, la fecha es automática, les pones tags, las categorizas, en algún futuro vamos a mirar estos archivos y recordar que hemos vivido. Pero nunca volvemos.

Haces piruetas. Renuncias a la red social. Suspiras con alivio, cuánta energía desperdiciada en tan tonto evento. Con suerte alguien se da cuenta que te fuiste, lo más probable es que nadie lo haya hecho. Piensas en eso. Entonces vuelves. Qué es más espantoso, te preguntas a veces en las noches, estar y que a nadie interese, o no estar y que nadie se percate.

Entonces no haré momofuku. Y me quedo, en consecuencia, con esta creciente ansiedad que urge distracción.

Posibles nombres para un pueblo imaginario nov 14, 2012

Mundo Real
-En estas vacaciones llevaré a toda la familia a pasar una temporada en el Mundo Real.

Morir
-El fin de semana voy a Morir
-Ah pero que buena noticia! seguro que te hará mucho bien!

Darlo Todo
-No veo la hora en ir a Darlo Todo.

Coxsackie
-¿Cómo le dicen a los que son originarios de este pueblo?
(Nota: Hay un pueblo en el estado de Nueva York que efectivamente se llama así. Es bonito.)

La Casa del Ritmo
-No me lo vas a creer, me invitaron otra vez a La Casa del Ritmo.

Aquí o Allá
-¿De dónde vienes?
-De Aquí o Allá
-Entiendo lo que dices, es como me he sentido toda la vida.

No Me Puedo Decidir
-¿Hacia dónde se dirige?
-No Me Puedo Decidir
-Ah bueno, mientras lo hace, por favor hágase a un lado y deje pasar a los demás.

Japi nov 13, 2012

1.

En una esquina de una ciudad cualquiera, la ciudad que habita, usted de pie y en espera se encuentra un transeúnte. No es un turista, es un habitante más. Vecino Amigo Señor Señora, empieza en tono incómodo, estoy sin brújula alguna, podría indicarme cómo he de llegar a la plaza principal. Allá me esperan, prometí llegar en diez minutos pero lo veo improbable. Usted entiende. Usted se pregunta, en esta edad moderna de instrumentos comunicativos por doquier, cómo es posible encontrar la forma de perderse. Perderse se antoja improbable, piensa para sus adentros. Usted mira a su interlocutor. Usted mira hacia un lado de la calle, usted mira hacia el otro. Para llegar a su destino tendrá que ir tras sus pasos, le dice, evitando reír. Tenga los ojos abiertos, camine por la orilla, en algún momento hizo un giro con consecuencia. Su misión es evitar el giro. Esto es lo que dice, y luego usted no dice más.

2.

(Intervención Borgiana)

Dos transeúntes en discusión. Uno de ellos, el más viejo, se detiene y manifiesta alarmado. “La felicidad nos elude!” El más joven mantiene la calma. “No, solo a uno de nosotros.” Y desaparece.

3.

Usted es un transeúnte en la ciudad que conoce, su ciudad. Esto es, la que creyó conocer a la perfección aunque ahora la evidencia por lo contrario se torna innegable. En una esquina un hombre de sombrero de fieltro le invita a acercarse. Usted expone la duda, su duda. El hombre parece a punto de reír. Lo que propone es indecidible. Esto es, por lo menos, le será imposible saberlo desde donde usted se encuentra! Usted pierde la calma: “¡¿Hasta cuando usarás el mismo teorema?!”

4.

Die Welt ist verständlich!

5.

Esto es una tontería. Yo soy el transeúnte en todos los casos.

La mano izquierda oct 31, 2012

1.

Las estadísticas lo confirman. El treinta por ciento de los penalties cobrados en el fútbol profesional son errados—¿A dónde van los balones que no se cambiaron por goles?— una cifra notablemente superior a lo que se observa en los entrenamientos. La razón, de acuerdo con investigadores que investigan estas cosas, tiene que ver con el susto tan brutal del escenario y la responsabilidad que experimenta el cobrador. El miedo a perder, el miedo a ganar. Ese pánico escénico, de nuevo según la ciencia de estas cosas, juega de local en el hemisferio izquierdo. Estamos hablando del cerebro. Al otro lado, al hemisferio derecho, van a parar todas las acciones de tipo mecánico, las que no conllevan tanta pensadera. Los investigadores sugieren, en consecuencia, que si usted se encontrase con la necesidad de, digamos, patear el penal de la victoria en el último minuto, o, digamos, recuperar la calma perdida en términos generales, es buen ejercicio alejar la acción del lado problemático y llevarla al lado parsimonioso. Un método práctico para lograrlo consiste en apretar la mano izquierda y moverla de algún modo y ver como las preocupaciones se disipan.

2.

Científicos de la Universidad de Cambridge consultaron a varios niños sobre un asunto de gran confusión. Tal vez usted no se haya percatado, pero cuando los niños quieren pretender desaparecer por completo, consideran suficiente y necesario el llevarse las manos a la cara y taparse los ojos. Es obvio que en términos de la desaparición el gesto no resuelve absolutamente nada. Las razones para el gesto son, por lo menos para un grupo de científicos en particular, de gran interés; y al investigarlo se han encontrado con que pertenecen al lado poético de las cosas. Los niños asumen que la experiencia de estar juntos es una vaina mutua y compartida. Yo te percibo porque tú me percibes y tal. Para bloquearte, basta entonces, con no participar. La percepción de una experiencia compartida por dos personas empieza, por ejemplo, con mirarse a los ojos. Mutuamente.

3.

Desde ayer, cuando miro el futuro, lo hago tapándome los ojos con la mano derecha mientras aprieto y aflojo ritmicamente la mano izquierda, como si de un corazón externo se tratase.

Signos Invisibles oct 24, 2012

Un saludo a los que nunca llegaron tarde a clase. A los que convirtieron el síndrome de abandono en una excusa que promover. A los que nunca pudieron subir la cuerda. A los que hicieron la mitad de la media maratón a pie. A los que perdieron a su mejor amigo al enamorarse al mismo tiempo de la misma profesora. A los que se dedicaron a soñar primero, y una vez despiertos no supieron qué hacer con el insomnio. A los que jugaron por las reglas aún cuando las reglas se acabaron. A los que ven con encanto una conversación sin rumbo fijo pero se aturden ante una conversación banal sobre el clima y el qué más qué has hecho. A los que no saludan. A los que comen solos. A los que arreglan todo con galletas, o una sonrisa imposible de resistir. A los que se pusieron nerviosos hablándole a las chicas. A los que vieron en ello una bendición al encubierto, de cuántas catástrofes se habrán visto librados. A los que dejaron de creer. A los que nunca creyeron. A los que no son de aquí o de allá. A los que hacen sanduche de mantequilla de maní y mermelada de guayaba. A los que modelaron su idea de ser padre mirando al suyo propio y luego corriendo en la dirección contraria. A los que salen media hora antes de la hora señalada. A los que de primero se comen lo más sabroso del plato. A los que prefieren el té al café. A los que llevan dos décadas oyendo la misma música. A los que no saben nadar. A los que le tienen pánico a los perros. A los que sólo se les ocurre algo bacano que decir cuando el momento ha pasado. A los que una vez saludaron de vuelta a alguien que en realidad saludaba a quien estaba detrás. A los que leen novelas de amor y muerte. A los que se graduaron suma cum laude de la universidad de la vida. A los que nunca quieren así sino de esta otra más aburrida manera. A los que vinieron a este mundo a sufrir. A los consentidos de la mamá. A los que no ubican el momento en que los papás se volvieron otras personas que criar. A los que viven todos los días como si fueran domingo. A ustedes. No hay un lugar en el mundo para ustedes, aún si eso nunca les impidió buscarlo.

Y qué bueno que están aquí.

Jiro sep 25, 2012

Barack Obama conversando con Vanity Fair suelta esta mini reflexión.

You also need to remove from your life the day-to-day problems that absorb most people for meaningful parts of their day. “You’ll see I wear only gray or blue suits,” he said. “I’m trying to pare down decisions. I don’t want to make decisions about what I’m eating or wearing. Because I have too many other decisions to make.” He mentioned research that shows the simple act of making decisions degrades one’s ability to make further decisions. It’s why shopping is so exhausting. “You need to focus your decision-making energy. You need to routinize yourself. You can’t be going through the day distracted by trivia.” The self-discipline he believes is required to do the job well comes at a high price. “You can’t wander around,” he said. “It’s much harder to be surprised. You don’t have those moments of serendipity.

Y un intento de traducción:

También es necesario eliminar de la vida de uno los problemas rutinarios que consumen a la mayoría de la gente en la mayor parte del día. “Puede ver que me pongo sólo trajes grises o azules,” dijo. “Estoy tratando de disminuir las decisiones. No quiero tomar decisiones acerca de lo que estoy comiendo o vistiendo. Porque tengo muchas otras decisiones para tomar.” Obama mencionó que la investigación muestra que el simple acto de tomar decisiones degrada la capacidad para tomar decisiones posteriores. Es por eso que irse de compras es tan agotador. “Hay que centrar la toma de decisiones de la energía. La rutina es necesaria. No puedo pasar el día distraído por trivialidades.” La auto-disciplina necesaria para hacer bien el trabajo tiene un precio alto. “No puedes deambular”, dijo. “Es mucho más difícil ser sorprendido. Hay poco espacio para la casualidad.”

Suena a que lo he oído antes. Sobre todo en estos tiempos, sobre todo en el contexto de internet y las redes sociales. Las distracciones son enemigas del trabajo serio, del que vale la pena. Son como Obama dice una vaina que tiene un efecto físico, que desgasta el doble. Como tratar de correr una maratón con alguien empujándote en el sentido contrario.

Pero esa es una manera de verlo. Porque Obama es el presidente de los Estados Unidos, por definición uno de los hombres más poderosos del planeta. Sus errores y aciertos afectan a mucha gente. Yo no soy Obama, usted no es Obama. ¿Qué nos queda a los dos? Otra forma de verlo es que cuando uno crece en un pueblo en donde para leer el periódico de hoy tienes que esperar hasta mañana, las distracciones son lo poco que te queda. Yo crecí en un pueblo de esos, huyéndole al aburrimiento de las dos de la tarde a cuarenta grados bajo la sombra terminé en otro país. La fuerza del destino, el poder de una idea, la búsqueda de la felicidad, ponle el nombre que mejor te guste. Y una vez ido, hice todo lo posible por regresar a ese tedio, a esa rutina, a lo predecible. Sigo en eso, ahora más que nunca alejándome de las distracciones que me entretienen, persiguiendo el bienestar de otra persona más importante que yo. Lo que no es una tragedia, obvio, tal vez lo contrario, es una misión, un propósito en la vida.

Jiro dreams of sushi es un documental sobre un man llamado Jiro que vende sushi en Japón en un restaurante en el que para comer hay que bajarse de unos 400 dólares. El man es lo que usté y yo llamaríamos un experto. Solo sabe hacer sushi pero lo sabe hacer mejor que nadie en el mundo. Jiro se rodea de expertos exclusivamente. El que selecciona el pescado, el que le vende el arroz, todos expertos. En el restaurante hay aprendices. Toma mucho tiempo llegar al punto en que puedes preparar sushi en el restaurante de Jiro, diez años, veinte años, tal vez ni eso. Es sushi, dirá usté, ni siquiera hay que cocinarlo. Eso mismo dije yo hoy, es código, bits y bytes, pixels, caracteres en una pantalla, qué tan difícil puede ser.

Avispero sep 19, 2012

Otra vez y asumo por un muy breve instante volvió a colación en tuiter el tema del aborto. Hay temas recurrentes en la red social y éste es uno de ellos. No sé muy bien por qué empezó la vaina pero esto siempre empieza con alguien (casi siempre un man) alborotando el avispero, del lado beato conservador o del lado liberal progresista. Según mis cuentas el aborto es tema de indignados más o menos una vez cada dos meses.

El problema no es que se hable de estas cosas. El problema es que no parece que avancemos mucho en la discusión. No es que usemos el tiempo de las pausas entre debates para hacer experimentos, estudiar más el tema, generar nuevas conclusiones, vainas así. No. Nada de eso. Simplemente lo usamos para tomar aire. El resultado es que cada dos meses repetimos los mismos argumentos, a la misma gente. (“Es mi cuerpo”; “Por qué no lo previenen antes de que la consecuencia sea grave”; “es que nadie aborta por entretenimiento”; “es que es un contrasentido moral”; “es que por qué los hombres buenos para nada tienen que meterse en esta decisión”; “es que …”). Que no sorprenda a nadie, entonces, que nunca lleguemos a algún consenso de algo.

En este tema, como en otros, hay quienes queremos comernos el dulce y al mismo tiempo guardarlo para después. Creer por ejemplo que el aborto está en un pantanero moral, y creer al mismo tiempo, que es un asunto que no admite una ley. Sea lo que sea, lo que me urge es que lleguemos a un acuerdo. Que lleguemos a uno y que además lo dejemos vigente por digamos cinco años, tiempo en el cual no volveremos a tocar el tema en ninguna de sus formas. El infractor del acuerdo se lleva esto: 1) le va la madre 2) multa de diez salarios mínimos de congresista 3) la obligación de hacer un curso de buenas maneras similar a los que exige la oficina de tránsito y 4) la suspensión de su cuenta en tuiter/facebook/etc por tres meses tras la primera infracción, por tres años tras la segunda, por 25 años tras la tercera.

La vaina es cómo hacer para llegar al acuerdo. Cómo hacerlo sin demagogia, sin caer en la trampa de solo decir lo que las mujeres quieren oir, sin caer en la trampa de solo escuchar a los que por definición nunca tendrán velas en ese entierro. Cómo hacerlo con la necesidad de que hay que llegar a un acuerdo y que no lo podemos aplazar más.

Hablemos de otra cosa. Hablemos de un sistema de debate al que se juega así. Fulano y Mengano en alegato. Fulano expone primero. Ahora le toca a Mengano, pero antes de que le de rienda suelta a su argumento, Mengano debe hacer un resumen de lo que entiende por el argumento de Fulano. Una vez Fulano apruebe como aceptable el resumen, Mengano podrá exponer sus ideas. Luego es el turno de Fulano, quien debe hacer lo mismo sobre el resumen y todo eso. Es un sistema de debate elegante, útil para muchas otras cosas. Para salvar matrimonios, por ejemplo, no al mío, de pronto al suyo.

Once sep 11, 2012

Uno puede dejarse llevar por el cinismo y decir que ese no es mi país o minimizar esto por aquello otro en virtud de la enormidad de la barbarie o de justificaciones para tal atrocidad. O uno puede no hacer nada de eso pero en su lugar caer en el lugar común o el melodrama. Algo pasó ese día. ¿Dónde estabas ese día de Septiembre?. Yo estaba defendiendo y ganando para mi jefe la financiación del proyecto que se convirtió en mi tesis de doctorado. No supe nada hasta que mi amigo Ravi me lo contó en una de las pausas. Ha ocurrido un accidente terrible, es lo que me ha dicho. Faltaba poco para perder del todo esa inocencia.

Nadie come nacionalismo pero por esos días era lo único que se podía comer. Una amiga, de Yugoslavia ella, me confesó incapaz de simpatizar con ese dolor cuando cargaba con el recuerdo fresco de su familia escondiéndose de las bombas lanzadas por los que ahora sufrían. Pero guardaba silencio, ella y yo y tantos otros que coincidimos en este lugar tratando de encontrar las oportunidades que nuestros países en su mezquindad nos negaron. Y aún así, recuerdo a la frustración de nosotros los extraterrestres con esta gente que sinceramente, honestamente, no encontraba explicación alguna para que alguien en el mundo los odiara tanto como ahora.

Pasaron muchas cosas. Pero lo que se quedó conmigo para siempre, fue ese recuerdo de ver a mi jefe entrar el día después del drama con un televisor de esos que ya no se ven y que instaló a la salida de la oficina, para siempre sintonizado en un canal de noticias confundido en un bucle de imágenes de la debacle, de mensajes de esperanzas, del no saber que hacer. Se quedó ahí mucho tiempo, hasta el verano siguiente. Lo desconectó y se apareció con él en el laboratorio. Te lo dejo acá, por si quieres ver el mundial de fútbol, me dijo.

Hombre de poca fe ago 30, 2012

Entonces regresé de la última ronda. Me llama la atención que usen términos boxísticos. El último round. Espero no haberme ido a la lona. Pero cansado estoy mientras espero, que lo que toca es esperar; alguien dirá sí o alguien dirá no, se discutirán parámetros, se evaluarán alternativas, pasarán cosas. Prefiero la terminología boxística a la que usan en ocasión: “el proceso”, que me suena a enredo kafkiano, a confusión enorme. Es éste el quinto proceso en el que he estado en Estados Unidos y cuenta como el más complejo. Tiene que ver con que se aleja un poco de mi experiencia pasada y de mis habilidades comprobables por medios oficiales. Básicamente soy yo y un teclado, y ya es mucho pedir.

Qué forma tendrá la fe en un contexto laico. Tendrá que ver con aferrarse a la idea del libre albedrío o a lo opuesto. Tendrá que ver con asumir, como pensaba mi padre, que todo eventualmente se jode en esa forma tan entrópica que tiene el mundo de proceder. Tendrá que ver con, crealo o no, rezar un padrenuestro por si acaso y pedir serenidad y fortaleza y paciencia y lo que haga falta para aceptar lo que no es directamente controlable.

Escribo aquí estas cosas. Las leeré después, quizás empezando a sonreir, quizás pensando tampoco era para tanto, era solo esto, era solo aquello. Que es, si uno lo piensa bien, lo único aceptable de pensar cuando se mira hacia atrás.

Yo que le pongo bandas sonoras a las cosas nada más para espantarme a mí mismo con el drama y lo cursi del acto mismo, le puse a este mes una cortesía de Hammock y un álbum llamado Chasing after shadows, living with the ghosts. Tiene algo que no sé qué es.